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La poesía anafórica en Latinoamérica

June 24, 2011

 De los nacidos en los 70 a nuestros días

Particularmente creo que es necesario un concienzudo acercamiento a la poesía de los autores  nacidos a partir de esta década, los 70°, pues no es solo necesario sino urgente una  visión y revisión de las poética contemporáneas a fin de coadyuvar al lector hacia una perspectiva amplia, del diverso y pujante panorama lirico de este continente.

La ambigüedad, la auto-reflexión del nuevo conocimiento se vuelca hacia distintos repertorios plásticos donde se ha refundado nuestro tiempo.

La palabra  se va forjando desde el poetizar cotidiano, y la  poesía  de esta generación se desvincula también de lo que el escritor  guayaquileño Leonardo Valencia llama el síndrome de falcón [1].

Los matices de Los Anafóricos  van desde el metalenguaje hasta las cotidianidades más inesperadas, quebrantando incluso la realidad para converger en mundos sediciosos, nuevas configuración poéticas, diversas representaciones, nuevos manejos del lenguaje, variados  soportes y configuraciones lingüísticas, codificaciones y decodificaciones  que invitan al poeta a crear otro universo dentro del mismo continente del poema.

Una nueva percepción del tiempo, donde el mundo en que se vive es la perfecta excusa para navegar por inauditos territorios  mediante el uso de la diversidad tecnológica,  un arma constante, necesaria para  expresarse no solamente con ella, a través de ella, o para ella, es de ella de donde nacen muchísimos de  los nuevos referentes, así vemos  ”posteados”  en los diferentes espacios  cibernéticos, discusiones, foros, poemas de cuerpo entero, y mas,  sin que haya limites incluso en las distancias.

El contenido, más que la forma,  es sin duda el denominador común en el poetizar de  la nueva generación  latinoamericana que en ocasiones, y quizás  de manera subconsciente se desliza  hacia las vertientes  de lo retórico, pero este “desliz”  es exigido no por el poeta, sino por el mismo ritmo del poema, que una vez disparado cumple una suerte de meteorito,  toma su propio rumbo y estación.

También hablamos de la poesía de “inmanencia” esa  que en palabras de Virgilio López Lemus  se re-conoce, se comunica y se sirve a sí misma,  por lo tanto el poeta es una especie de traductor o médium, un árbol al que el viento le arranca los sonidos. [2]

La poesía es  un caracol nocturno nos  dice Lezama Lima, y ese “caracol” recorre gran parte de la novísima poesía, se disemina por los campos de un continente fecundado de abundantes voces, tenemos así, poesía visual,  comportamental, verbal, fónica, gestual, experimental, poesía objeto, poesía espacial, abundante en revistas, antologías  y publicaciones digitales. Las propuestas son tan variadas, que construir un juicio ligeramente   ordenador es  no solo necesario sino urgente para acercarnos al fenómeno  de los variados  significantes de la poesía contemporánea.

La creación de un “método” para instaurar la voz poética, es el afán de quienes buscan perpetuar sus líneas versales,  así  que encontrarse con la consolidación de una joven voz, que al unísono poetiza en Latinoamérica nos habla quizás de una nueva corriente literaria.             La Anafórica. Aquella  de la anáfora  como recurso estilístico de concreción y  fortalecimiento  de  una idea, de ahí el apelativo de Generación Anafórica, pues ella transita desde la espina dorsal, atraviesa la médula del verso y se inserta en el  corazón mismo  del poema esta generación construye sus códigos y expresamente los va agrupando-deformando, con el único fin de servir al propósito sublevado del poema.

La Anáfora se explaya no solo entre  las ideas, entre lo visual y concreto, sino que  va retumbando, no como una mera reiteración de versos,  no como mecanismo fácil de escritura, sino  como unidad de defensa ante la palabra del poeta.

Sostengo por tanto el nacimiento de una nueva  corriente poética  colectiva en  Latinoamérica     LA  GENERACIÓN DE LOS INVOCADORES,   LOS ANAFÓRICOS  donde  se establece el uso de una  “tipografía” en su acepción griega τύπος – typos, como golpe o huella para crear un equilibrado trabajo de disposición, con  un propósito específico, eternizar el instante, sublimarlo a través de la reiteración  exacerbada de palabras, frases, códigos frenéticos que transportan al lector hacia un sentimiento estético con abiertos soportes subjetívales e interpretativos, es decir que será el propio lector quien dará sentido al poema.

Si bien es cierto  la repetición de códigos, versos, figuras literarias, etc. han estado presente en la poesía de todos los tiempos, también se debe  diferenciar la finalidad estética, equilibrada y lúcida de los antecesores, pues  la reiteración actual  más bien bordea el camino no solo del subconsciente y la demencia, sino que fuera de toda búsqueda estética impone el espíritu de una época, la furia de un  tiempo, el poeta es una especie de Shandy, un ente portátil [3],  que para  evidenciar su palabra se va transformando en un performance ambulante  que provoca obligadamente la captación de su decir, y la diferencia no radica en distinguir si ésta se ha  construido estética o armoniosamente, sino en el empeño de repetir tantas veces como sea posible -incluso una sola palabra-  a tal punto de saturar o conmover, tal es el signo de los anafóricos.

Esta  vena  atraviesa la poesía de toda una generación, quizá sea un mecanismo inconsciente de desahogo ante un escenario universal  fragmentado y deshumanizado, una metáfora que va a remplazar el mundo exterior, pero  también evidencia una poética  intimista abundante en símbolos  y enigmas   matizada con diversidad de formas, presentaciones y estilos  donde lo único que interesa es la palabra como objeto, el  énfasis de la significación verbal,  el decir desde las entrañas, pero también sentencia un   amplio dominio de los aspectos teóricos, secundados por una  avalancha de transgresiones léxicas donde se establece  un casi, casi  “juego  tipográfico” entre lo experimental y visual-cinematográfico,  pero siempre, de manera reiterativa.

Poesía de contradicciones,  insatisfecha y desequilibrante   hasta el cansancio,  nace en un tiempo paradójico, en el que el poeta  no  se resigna  a la esquizofrenia  de los fantasmas,  aquellos de los reordenamientos sociales, y más bien  lanza  su palabra como granada enorme, para que las esquirlas brillen, golpeen y se multipliquen.

                                                               Siomara España M.

Poeta y Crítica ecuatoriana.

Feria del libro, La Habana Cuba / Febrero del 2011


[1] Valencia se refiere  a la pesada carga, de hacer literatura desde el contexto histórico o la denuncia social. Por otro lado Juan Falcón Sandoval, era quien cargaba literalmente sobre sus hombros a Joaquín Gallegos Lara,- invalido de nacimiento-  uno de los integrantes de la generación del 30 quienes se dedicaron a escribir desde el contexto de la denuncia social, el realismo social ecuatoriano.

[2] Aguas tributarias, Virgilio López Lamus

[3] Enrique Vila.Matas Historia abreviada de la literatura portátil.

Despedida

June 24, 2011

Me despido de tu cuerpo,
de tus ojos, de tus manos,
de la cama vieja y de su estruendo,
me despido de las fiebres,
de los ecos de mis huesos en tus manos,
de tus dientes mordedores.

Me despido por que es temprano,
porque aún escucho tus gemidos,
porque a chorros me sangran las heridas de tus besos,
porque aún escarbo la nostalgia de tu cuerpo.

Porque si no me marcho
podríamos ser felices.

Siomara España