Archive for the ‘Relatos’ Category

El timbre

June 24, 2011

Ayer estacioné mi coche enfrente de tu casa. Quise tocar, pero no me atreví. Quise llamarte por celular, pero borré tu número y nunca tuve precaución de aprendérmelo. Antes, tan familiar como mi aliento. Ahora, incapaz de decir tu nombre para buscarte. Tus abrazos se convirtieron en cadenas de recuerdos que me amarraban aún más al coche. La silueta de tu sonrisa ya no fue más invitación. La profundidad de tus ojos sólo fue un abismo que ya no haría eco de mi voz. Nada. No hay lejanía mayor a esta distancia que no puede medirse con un flexómetro cualquiera. Se encendió el foco de tu ventana. Ahí estabas. Entonces, me moví.

Lorena Sanmillán

June 24, 2011

¿Cómo es posible que estés leyendo esto? Sí, a ti te estoy hablando. Sí TÚ que te encuentras leyendo estas líneas. No, no voltees a los lados y no te vayas. Quédate ahí. Piensa cómo y porque lees esto, precisamente ESTO. ¿Acaso es porque te has dado cuenta de que sé muy bien lo que haces todas las noches antes de irte a dormir? No, no me refiero a que ves televisión o te lavas los dientes (a veces ni lo haces). TÚ sabes bien de lo que estoy hablando. Antes de dormir TÚ vas y te azotas en cualquier superficie plana miras hacia arriba, nunca hacia el cielo ni hacia el techo. Simplemente hacia arriba. Debrallas estadios de absoluta represión. Te repites deseos obsesos que nunca te atreves a expresar. Llenas de ensueños tus circunvoluciones, y luego elaboras cientos de imágenes mnémicas subversivamente deliciosas y descaradas que después pretendes olvidar. No, no te detengas, sigue leyendo. Sí ya sé. No me crees. No me crees absolutamente nada. Piensas que tu vida es inescrutable que nadie, ni siquiera TÚ, puede ver lo que haces antes de dormir. Yo sí. He visto tu sombra diluirse entre las paredes de tus frustraciones. He observado tu piel completamente desnuda verterse en fases de inefable confusión. Has estado boca abajo pidiendo perdón al deseo por no poderlo sentir, por no poderlo saciar. ¿Aún no me crees? No te preocupes. Hoy por la noche, yo estaré ahí. Pero te advierto que no podrás verme, porque cuando yo aparezca TÚ ya estarás completamente dormid@.

Alejandra Cordero-León y Torres

El coleccionista de barcos

June 24, 2011

Voy a aprovechar este momento para decirte que me gusta el rojo.

Será que, en el fondo, yo también soy una carnicera.

O será porque en el fondo hay ciertas cosas que no se dicen, pero se llevan en el cinto.

En las hombreras.

Hay que tener cuidado.

Y paciencia.

También hay que tener paciencia.

Me está venciendo el sueño.

Tu madre piensa que no soy una buena influencia para ti.

Sabe de mis escándalos.

De mis excesos.

No sabe: ha escuchado.

Así son estas cosas.

Hay mucho movimiento y las olas llegarán lejos.

Ya están cortando los quicios de las ventanas.

Y los pasos se hacen inciertos. Mis botas crujen.

El adoquín de las calles ya no aguanta.

Tenemos que llegar a la proa.

Tenemos que.

Y, de pronto, el agua corta la acera.

Brinca.

Hemos llegado al otro lado.

¿Te he dicho lo de tu madre?

Ah, sí. Ya te lo dije.

Y me asomo en esa ventana que da a la calle y, desde dentro, una mujer envuelta en toallas me arroja un peine rosa que se estrella contra el vidrio.

Me siento algo apenada pero yo qué iba a saber.

La cuadra flota, ya tranquila.

El peligro ha pasado.

Pero no: allá viene otra cuadra que aprovecha las olas para darnos alcance.

Su bandera se estremece por el viento.

¿Es que no hay ningún cañón en estas casas?

Y, de pronto, los agresores detienen su ataque.

Miran al cielo.

Hacia el cielo.

Y ahí está:

Pertenecemos al coleccionista de barcos.

Xitlally Rivero Romero

Los soldados

June 24, 2011

Hace frío.

Llego a la universidad y me detienen.

Moños negros.

Pero no lloro ni retrocedo.

No retrocedo.

Las puertas de mi universidad.

Moños negros.

No retrocedo.

–Buenos días.

–Buenos.

–Buenos días.

Pero no lloro ni retrocedo.

No retrocedo.

–Buenos días.

–¿Cómo estás?

–Bien. Muchas gracias. ¿Y tú?

–Muy bien. Gracias.

Gracias.

–Qué gusto verte.

Qué gusto.

Bandera a media asta.

Buenos días.

Qué gusto verte.

Qué gusto.

Ramón y un chico de arquitectura están en esa esquina. Fumando.

Ramón dice:

–Dla, Dle, Dlu. Dludl dla.

Y ambos empiezan a hablar: dla, dle, dlu, dludl dla.

Sergio suelta a Mou y mira a Ramón.

–¿Alguien habla japonés?

Pero no retrocedo.

Es medio día.

Y pudo ser cualquiera.

Con los pies fríos, subo las escaleras de Aulas Dos.

Con los pies fríos.

Si algo conservo de mi tierra, es eso. Me gusta la comida bien caliente.

A menos, claro, que el plato que se sirva sea frío.

Me hubiera traído las botas grises.

Pero eso de que te sirvan unos tamales que prometen mucho en su vapor, y con el primer bocado se mezcle un algo tibio con algo húmedo de tan frío nomás no.

Nomás no.

Serrano no ha llegado y espero frente a su puerta.

Por eso comprendo muy bien cuando Tanya entra al pasillo que da a la oficina del doctor Serrano, se detiene frente a mí y dice:

–Quiero un café bien caliente.

–Pero que esté bien caliente –empuño y marco.

–Sí –dice Tanya–. Bien caliente.

–¿Cómo estás?

–Por favor ábreme.

Salgo del edificio.

Tengo frío.

Y pudo ser cualquiera.

Cristal enciende una veladora.

Y otra.

–Afuera hay tantas cosas –me dice–. Tantas.

Pero ya se acerca la boda de Rodolfo y allá vamos.

A Tampico.

Es de noche.

Ya llegamos.

Bajamos del auto y, como en Oaxaca, hemos llegado al hotel con el nombre que nos anotó Carlos pero la reservación se hizo en otro sitio.

El teléfono que nos dieron es de otro hotel.

En fin, me dices. Prefieres quedarte aquí. Ya lo conocemos y, además, ya es de noche.

Es el mismo hotel donde nos quedamos para la otra boda, ¿te acuerdas?

Hay tantas cosas.

Tantas.

Pues aquí nos quedamos.

Nos quedamos.

Nos dan una habitación en el primer piso, a la altura de la recepción. Pero está muy bien porque desde la ventana puedo ver el Zócalo Capitalino.

Y me encanta la vista. Madres con las manos en niños y bolsas repletas, hombres de traje rumbo a la oficina, vendedores, el tránsito, turista en pantaloncillos como si no hiciera frío.

Hace frío, ya me doy cuenta, y toso.

Y todavía tengo los pies fríos.

Y ahora las manos, la nariz.

Y el turista en pantaloncillos.

Traigo una toalla en la cabeza, para que se me seque el cabello, y ropa cómoda.

Miro el Zócalo.

Paty y Dulce vienen por esa esquina.

Suena un tiro.

Todos al piso.

– Ante el menor ruido –te digo–.

Pero no me escuchas, estás en el baño.

–Ante el menor ruido.

La gente se percata de la falsa alarma y se levanta. También se levantan Dulce y Patricia. Vuelven a su conversación y siguen.

Atrás viene Selene.

La saludo.

Ella alza un poco los ojos y asiente, no muy convencida.

Me quedo pensando si ella pensará que soy una presuntuosa.

En eso me doy cuenta de que allá viene un camión lleno de militares.

Y el sonido de un helicóptero.

Que aterriza en el Zócalo.

Cerca del hotel.

Los militares.

El camión se detiene también frente al hotel y los soldados bajan. Unos se pierden a mi derecha y otros van a la izquierda. Parece que van a entrar.

Estarán buscando a alguien.

Otros más se colocan en el Zócalo, mirando al hotel. Así que me oculto tras un sillón para cubrirme. En ese momento sales del baño y te digo que te tires al piso.

Los que están afuera pueden estar dentro en cualquier momento.

Un soldado se coloca frente a nuestra ventana y te apunta.

Pongo las manos en alto para que tú lo hagas.

Pero no lo haces.

Un tipo se me acerca y le digo que piense con calma las cosas, que a lo mejor le somos útiles, y él me lanza un puñetazo en la cara que me lleva al piso.

Pero no lloro ni retrocedo.

Veo cómo te someten los soldados y te llevan fuera del cuarto.

Ojos afuera de sus cuencas.

Uñas crispadas.

Piel reseca.

No se lo lleven.

No, por favor, no se lo lleven.

No nos separen.

Necesito verlo. Necesito verlo.

Sillón rojo.

Paredes marrón.

Uñas crispadas.

Necesito verlo.

Cortinas blancas.

Sillón rojo, cojín grisáceo.

Necesito verlo.

Entra otro grupo de soldados.

Piel reseca.

Pero necesito verlo.

Un soldado del nuevo grupo se adelanta un paso, apunta y dispara contra mi agresor y, antes de que termine de pensar que quizá vienen a salvarnos, me dispara entre los ojos y me lleva al piso.

Ábreme.

Por favor, ábreme.

 Xitlally Rivero

Sí, amo… tu espalda

June 24, 2011

Tengo una fijación exagerada por tus manos,  tus ojos,  tu mentón, tus labios, pero más… por tu espalda. Será que cuando llegas a mis sueños en un gesto pudoroso te desvistes así… dándome la espalda… y  me  basta con ver que empiezas a quitarte  la camisa para empezar a delinearla, de arriba hacia abajo  con mis manos  y suavemente te atraigo hacia mi torso desnudo.

Donde después de una leve resistencia caes en mis brazos … entonces  con mucha  suavidad tomas mis  manos obligándome a  acariciar tu pecho,  tu cuello, mientras puedo sentir los latidos acelerados de tu corazón… entonces  beso tu espalda… hasta sentir que  el corazón deja de intentar salirse de tu pecho. Hasta recuperar su ritmo habitual  y así poco  a poco siento como en una paz absoluta y relajada te vas quedando dormido entre mis brazos… mientras mis pies buscan acomodo en medio de tus piernas… y así permaneces,  hasta que con el nuevo día como un suspiro…te aleja de mis sueños…

Hortencia Delgado

Instantánea

June 24, 2011

Camino de puntitas hasta tu estudio, zigzagueo las ancas de rana que pudieran hacerme tropezar. Asomo el rabillo de mi ojo derecho por la puerta entreabierta y te encuentro en ese cuarto oscuro contemplando tus fotografías como si fueran tu tesoro más valioso. Siento envidia hacia la sobre atención que le pones a tu tendedero de imágenes.

Para quitarme el mal sabor murmullo una canción que sabe a mar. Giras hacia la puerta. Me descubres, rescatas el brillo de mi iris. Ahí te reflejas y consigo inmortalizar tu retrato en el marco de mis recuerdos. Enciendes la luz para observarme mejor. Todas tus fotografías se velan pero eso parece no importarte. Soy yo tu favorita.

Abro la puerta para caminar a tu encuentro. Parpadeas y puedo sentir el flash en mi piel. Si tú me miras me vuelvo eterna.

Sol Casdiz

Julieta

June 24, 2011

Harta de ser tratada como la Justina de Sade, se puso los tacones, transformó sus labios en una jugosa manzana y siguiendo el dramatismo de las telenovelas que su madre veía cuando era una niña, exclamó:

¡Adiós mundo cruel! Dejo el sufrimiento que conlleva la virtud, para inmiscuirme en una vida de escándalos, placeres y pecados. Tomo al vicio como mi salvación, que Dios se apiade de mí y mis intenciones.

 Sol Casdiz

Aleteos

June 24, 2011

Toda mariposa alguna vez fue oruga, crisálida cuyo estado de metamorfosis la transforma en una especie de criatura alada, se les puede ver posando en una flor, extrayendo el néctar con su espiritrompa, el ojo humano debe prestar afable atención a tan majestuoso momento, solo aquél que se detiene a observar a una mariposa, puede asegurarse de estar vivo…

¡A veces las hojas secas de los arboles ruedan en el suelo  y nadie se pregunta su proceder¡

A veces las mariposas aletean demasiado fuertes para que se les escuche, pero el ruido de la cotidianidad sí que ensordece.

El aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami en un pequeño instante, la tierra se abre orgullosa al sentir las alas seductoras de dicho insecto multicolor.

La vida de una mariposa es breve, sin embargo sus aleteos son memorables, cada uno de ellos contiene al mundo en una fracción de segundos, a veces un solo día de vida es suficiente para volar.

Diana Jaramillo

Dolor

June 24, 2011

Se puede convertir al dolor en silencio, en un destello decadente de las ruinas desencajadas que atropella a la luz de cada mañana, vacilantes al quemar las pisadas en la arena, deterioradas por la ilusión mordida e inventada.  ¡Se podrá convertir al dolor en cenizas!

Ayer fue sólo un sueño perdido en el murmullo del tiempo, un revoloteo de alas castradas, un suplicio en medio de la asfixiante decadencia de un corazón sangrante que aún sigue palpitando, lentamente, despacio, pero latiente y combatiente.

Mañana, ¿Qué será de mañana?, un combate a muerte, quizá,… o tal vez un imaginado recorrido en este tramo lleno de caminos empedrados y desquiciantes faenas cotidianas. O mejor aún la utopía despertará a los sueños y estos despertarán a tu consciencia y te dirán basta de soñar con castillos dorados, (no existen)… las estrellas también se tropiezan de vez en cuando, al caer en el suelo, mientras sueñan.

Mañana será otro día igual que ayer y los sueños seguirán esparciéndose sobre la tierra.

Diana Jaramillo

Cuello de cielo

June 24, 2011

M se ve al espejo. Piensa que esa imagen no existe. Inventa que los cielos están dentro del cuello de su objeto amoroso. Ama. Cree que ama y no sabe cómo hacerlo. Entonces se refugia en el propio silencio de su cuerpo que late sin remedio ante un bombeo de inercia sanguínea. Sale a esperar. Alucina que pronto será parte de otro ser. Así, M sigue entre líneas y círculos buscando a ese cuello hecho de cielo. Lo encuentra, ahí, ajeno. Labios de alguien distinto exploran esa piel en una esquina oscura de una calle que ha enrojecido de ira. A esa calle le molesta sostener pasiones baratas porque sabe muy bien que el dolor se desparrama de placer, se infiltra entre las venas de todos aquellos que aman y no saben hacerlo. El dolor se ríe de esos besos, los disfruta. Cuello de cielo no. No siente nada. Sólo pretende percibir sensaciones superficiales y ni siquiera sabe que está hecho de cielo. Piensa que la piel es sólo piel y que el amor es un descubrimiento sólo de aquellos que suelen mirarse demasiado al espejo.

 Alejandra Cordero-León y Torres