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Felipe

June 24, 2011

(La forma de escribir este cuento, con espacios entre frases y la ausencia de algunos signos, es totalmente intencional)

 El autor del Albergue del Ángel de la Guardia

El año pasado de todas formas murió

A propósito

Selva negra, 1918

André Bretón

 

Toda mi existencia ha sido así   ir y venir de aquí para allá    de allá para acá     sin tiempo ni espacio   sin poder amar o descansar      con gente que me busca  o me rechaza     los que me conocen por lo general me temen porque yo soy la muerte   principio y final de su existencia y hago lo que hago por misericordia no por odio   aunque eso   no todos lo saben   o no lo aceptan   confunden mi trabajo   y sólo de vez en cuando hay quien me ame     como Felipe   de apellidos y edad sin importancia   huérfano   ya casi olvidó el amor   en el desayuno con amigos de pobreza  que visten    y se alimentan cuando sobran las drogas y el alcohol  alardeando de lo que no tienen mientras las esponjas circulan alrededor de sus despojos cambiándoles oro por espejos

  Un día  paseando por el parque Zamora (de   Veracruz)  los encontré en un festejo disfrutando sus kilos de caña y aspirando el olor que sale de una bolsa de plástico guardada debajo de sus camisas y que hace turbias y agradable las ideas   cerca   el niño esponja Michelet desdobla una rabieta pues su perro caliente se le cayó   y va y desquita su ira insultando a Felipe (con no se que sandeces)   éste   impulsivo troza la botella de kilos de caña      ¡pobre  pobre  pobre  Michelet!   al tener familia se sentía fuerte  pero sus piernas flaquearon     ¡pobre Michelet!  con su ropa nueva de colores modernos que se mudan a rojos!     Felipe  mana el ectoplasma  turbio  esconde el miedo en la bruma y un arma entre los dedos que de nuevo se dispara al abdomen de Michelet que pasa de agresivo a gimiente su ropa se llena del color del alma mientras sus tejidos se abren al filo del silicio que se mueve despiadado     ¡Michelet grita    llora    se revuelca!   y sus lagrimas encienden mi naturaleza amorosa    lo abrazo   su expresión languidece y el dolor huye de su conciencia     Michelet descansa   flota desconcertado   me ve con rencor pues no entendió mi gesto (a veces ocurre)   grita   o eso cree y parte con el viento     no importa   lo del aire al aire  y  la tierra vuelve a la tierra   pronto se sentirá mejor que nunca y entenderá

   Felipe escapa despavorido de las esponjas    los necios   y los justicieros que gritan ¡ay ay ay agárrenlo!   ¡que no se escape!    ¡asesino!   una mano en busca de aplausos lo pesca del hombro conquistando un sack en la espinilla  y   un ¡aaah! que se burla de su intento     ahora se interpone un pie   Felipe cae y se levanta rápido   sus amigos le animan y hacen aspavientos    ¡vamos  Félix   que no te atrapen esos cabrones¡     paco   con sólo dos y medio de sus sentidos brinca y vocifera   ¡no te dejes carnal!   ¡tu puedes!     y Felipe con el cuello de botella en la mano por delante   inhibe la aparición de nuevos héroes   un policía incluido que por conocerlo y apreciarlo viaja despacio sólo para que no le digan nada      logra perderlo pues el chamaco ya le lleva tres cuadras de ganancia sobre la avenida DiazMiron      al sentir Felipe el triunfo calma un poco su impulso físico y acelera su impulso mental     ¡si me atrapan me chingan!   ¡se lo merecía!   me quería chingar como hacen todos ¡pero conmigo se chingó! ¡y lo jodí¡      lo malo es que no voy a poder regresar con la paloma     la pinche esponja me la hizo después de todo     si la jefa viviera yo estaría tranquilito en mi cantón ¿dónde estas maría    por que me dejaste solimán?

                                                                  mijito perdóname  fue sin querer dijo una voz que podría ser de mujer     veo entonces una forma sutil que cree que llora   y que emite una angustia energética     en vano trata de enlazar a Félix sin conseguirlo entonces se dirige hacia mi    ¡ayuda a mi hijo santa protectora de la humanidad!   ¡cuídalo!   ¡hazlo por el amor que siento por él  buena!      ingenua   aún no ha dado cuenta de lo que   ya hago por él e insiste     dale oportunidad hija de Dios  ¡ ayúdalo !  ¡protégelo de sus enemigos por favor!     la reconozco   me conmueve y decido acompañar a Felipe  por si algo necesita   mgh mgh mgh   oigo los intentos de llanto de la mujer y la bendigo        ¡gracias santa! Dios te lo pague     la sombra de Michelet reaparece frente a mí     su mirada es de ira     ¿qué hago aquí?   ¿por qué me has traído?   ¿con qué derecho estoy aquí?       guardo silencio   muchos de los que llegan a este cosmos se hacen las mismas preguntas   aún no es el momento de explicarles nada                  yo era feliz con mi familia   me daban juguetes cuando quería   si se negaban   unos gritos de mi parte resolvían el problema     tenía amigos con los que me reunía y éramos  felices   es cierto    ignorábamos a los demás niños   pero la mayor parte de ellos eran niños miserables       veía televisión todo el tiempo   usaba ropa nueva casi todos los días   comía cuando se me antojaba    y ahora     ¡ahora ni hambre me da!      ¡no encuentro juguetes por ningún lado! ¡y nadie me hace caso!           ¿qué hago aquí?

   Félix    (que ya va llegando a la altura del cementerio particular)   está nervioso y acelera su paso   no quiere pensar y se esfuerza en poner la mente en blanco   no entiende lo que está pasando y por qué le pasan las cosas a él     comprendo     prometí cuidarlo y me solidarizo    pongo un dedo de mi mano en su frente   y       lo consigue

 

su mente esta en blanco

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                no dura mucho tiempo   quién puede sostener su mente en blanco  cuando tiene tantas penas     Felipe grita furioso   ¡ah aaaah!    (la gente voltea asustada)     ¡él se lo buscó! ¡no fue mi culpa!   ¡hijo de la chingada!   ¿que dijiste? ¡puedo chingar a quien yo quiera y voy a chingar a este pendejo de felipe! ¿nooo?   ¡pues te jodiste conmigo!                ¡lo malo es que también me jodiste a mí!   pues dejé a  sin mis amigos   mgh mgh mgh   (gemidos)       brota la congoja de sus ojos y empieza a bañar el pavimento        conforme se va adentrando en Bocadelrío   hasta que una tos seca y persistente consigue rezagar el líquido en sus ojos y en sus recuerdos     dentro de él    se ve junto a su madre   sus carencias que a el no le importaban gran cosa     pero que a ella se la comían   eso si   el afecto sobraba   y Felipe de amor vivía      su casa de cartón negro frente a las vías del tren en la colonia vías férreas     los consejos de su “mamita querida” sus exigencias normales de juguetes   la escuela donde era buen alumno  aunque no tanto como debiera dado su intelecto     por otro lado también estaban las lagrimas de “su  mamita” cuando se creía sola   la tristeza de su mirada   su cansancio después de lavar tanta ropa ajena   y finalmente

                                               su muerte a manos de un desdichado mal nacido ¡por robarle cuarenta pesos! que le acababan de pagar por “un trabajo”      Félix apenas tuvo “chance” de aprobar el segundo año de primaria    después   los dizque acreedores lo dejaron en la calle y lo mandaron al “hogar del niño” donde había comida pero faltaban las caricias y los besos    prefirió huir y hundirse mas en la marginación y la mezquindad junto con otros niños olvidados de sus padres y la sociedad donde en lugar de comida había “cemento”   “alcohol”   “sexo con algunos tipos de carro que pagaban una lana por una chupada u otras cosas peores”   pero eso si   alejados de los regaños y de la hipocresía social y moral del resto de la “gente bien”de la que tanto hay que decir pero que no vale la pena hacerlo

                                                                                  la calle    el mundo    su nueva escuela   aparentemente imparcial (en las películas y en la TV)   lo enseñó a mendigar   a dormir en cualquier rincón con un pedazo de periódico encima   a robar lo que se puede y al que se deje   a saborear un buen trago de aguardiente compartiendo con  borrachos y a veces con algún policía amistoso   inhalando cigarros de “marihuana”     pegamento de aviones de plástico y del que hubiera   y cuando alguien llevaba “unas pastas” ya se sentía realizado    tenía todo lo necesario para “vivir feliz”

                                                           la evocación de su madre vuelve a enturbiar su mirada y los clamores retornan a sus cuerdas vocales con el mismo sentimiento de soledad que lo ha acompañado a lo largo de los últimos dos años profiriendo tanto interior como exteriormente   madre   te fuiste y yo aún te necesito  ¿ por qué no me llevaste contigo?   repite incansable e intercalando con sus reminiscencias    pensamientos de su vida en el parque junto a “ los carnalitos” de su edad      “la chota” cotorreando o regañándolos también    compartiendo “ una bachicha” y los desaires de la gente     que aún acabados de comulgar  no comprendían sus carencias  y  los criticaban

    Felipe se acostó en la playa   seguro de que ya no tenía perseguidores    y se fue quedando dormido con las ideas más diversas bailándole en el pensamiento   anhelando unos tacos de surtido   odiando al mundo que lo trataba mal   a su padre al que nunca conoció lamentando “la pendejez” de su madre que se dejó engañar echando a perder “el paraíso” que de rosa viró a azul y más tarde a negro comprometiendo el futuro de ambos             antes de dormir y con el espíritu de Michelet torturándole    cargado de remordimientos y de pensamientos parásitos que se repetían unos a otros alcanzó a reprochar a Dios el daño recibido  y luego las lágrimas lo llevaron al submundo del sueño   de las pesadillas   de las frases y los conceptos mezclados con la brisa marina    y finalmente          con el demonio de la enfermedad

                flemas

tos

pesadillas

tos

sueño

tos

frases alusivas al infierno

“mis vísceras son arrasadas

por una sombra  de fuego

y muerte”

“sombra que desgaja las ideas

una araña escupe mi cerebro”

“Y AUN ESTOY VIVO”

tos

pesadillas

tos

“TOS”

 

Luz y amanecer rompen el encanto de las imágenes   minutos que parecen segundos se llevan el escaso tiempo

            olvido   sueños y tinieblas se van de la vida de Félix para enfrentar la amargura no deseada de su existencia cruda    un despertar que al igual que otros despertares es acompañado de una rara humedad en los ojos    múltiples bostezos y cansancio   símbolos curiosos de un subsistir forzado   poco a poco la modorra se evade   el tiempo corre más rápido que los músculos  y Félix se incorpora a su antigua esencia de nostalgia   hambre   fuga   y enfermedad     en tanto   el camino hacia la ciudad de Orizaba se desliza lento y constante bajo sus pies descalzos       la descarga de adrenalina generada por su angustia atenúa su necesidad de ingerir alimento   aunque las figuras que ilustran sus evocaciones pierden claridad     las horas y los pensamientos parásitos sobre sus horas anteriores    la vida junto a “la paloma” que a esta hora seguramente estarían hablando de él   pensamientos sobre un vasodeagua  botellasderefresco semivacias   un trozodepan de las sobras de las gentes desveladas o caritativas     habituales en las ciudades con turismo como la que él habitaba

              y nuevamente

                                      ¿para qué Dios lo había traído al mundo? dejándolo en el chiquero de su rigor cotidiano mientras las esponjas tenían la oportunidad de llenarse la panza     de las ventajas de la vida moderna y los que no podían llenarse las bolsas   se conformaban      robaban   mataban o se suicidaban   él por su parte “sobrevivía”      no podría su madre haberse evitado el trabajo de traerlo   a complicar la existencia de un mundo de por si abstracto y surrealista     mejor dejarlo guardado en el rincón de la nada   o quizá Diosito lo quería como aparador de la escoria y el pecado     “¿por qué a él?  y no a otro”   “¿por qué no  nadie?”     y hacer un mundo perfecto donde todos pudiesen ser felices y disfrutar la libertad      y no como ahora   donde la felicidad de unos se apoya en la miseria de otros            Félix constantemente se repetía estas preguntas   y ahora más    combinándolas con accesos de tos y de jadeos      “te llevaste a mi mami cuando todavía no estaba preparado para el mundo Dios”   ¿qué debí hacer para agradarte?   pensamientos entremezclados que se repetían una y otra vez

                                                                           a veces el fantasma de Michelet se introducía en sus quejas y Félix lo increpaba “¡te lo merecías maldita esponja! ¡hijodelachingada!   ¿que te creías que eras?

           a su lado     la sustancia consciente de su madre     la de Michelet    además de mi presencia real e inescrutable    caminábamos acompañándolo a través de su camino no buscado    su madre y yo animándolo y cuidando sus pasos   el otro   destruyéndolo y riéndose de él

                                              las sombras del atardecer volvieron en su auxilio   ya muy agotado   y con mucha necesidad de comida física y espiritual   sintiendo escalofríos   un fuerte dolor en el pecho   oídos   garganta   una cada vez mayor necesidad de aire  complicada con la cada vez más fuerte tos   una creciente  debilidad que lo seguía donde iba  el calor de excesivo de su cuerpo      Felipe optó por descansar en el alto pasto de los lados de la carretera buscando un poco de paz  y mirando fijamente en la dirección en que yo me encontraba

                  como si pudiese verme   preguntó ¿“mami”?  ¿eres tú mami?   ¿mami?   cofgh coagh   la tos y una flemas que ya casi no le permitían respirar hacían coro a sus preguntas y el espíritu de su auténtica madre (a la que no veía) trataba de envolverlo

                                                el de Michelet clamando por una más lenta y dolorosa agonía para él (¡sufre cabroncito!  ¡sufre más! ¡mucho más!)   

        podría yo en estas condiciones no levantar mi manto para cubrir al infortunado  y arrullarlo en mi seno como a un hijo

              qué clase de criatura sería yo entonces     lento me acerqué a Felipe mientras éste abría los ojos ansioso gritando    ¿ mamá eres tú?   ¡ayúdame madre!     cuídame como antes     para su gozo lo tomé conmigo      lo escuché reír  y disfrutar por primera vez en mucho tiempo   lo sentí relajarse y exhalar su forma etérea conforme su cuerpo se ponía fofo y pesado    (para furia de Michelet que no dejaba de exclamar ¡déjalo que sufra un poco más maldita!   ¡déjalo que sufras un poco más!)    vio Félix entonces a su madre   luego me miró agradecido y trató de besarme   pero no pudo    dada mi especial consistencia     entonces madre e hijo se fundieron amorosos   vieron a Michelet sin rencor    y él a ellos con odio   Felipe le dijo   ¡perdóname por favor!   y entonces se fueron  (Félix y su madre) con la brisa nocturna     yo    en mística catarsis me sentí satisfecha y continúe mis variados senderos (no estoy limitada por tiempo ni espacio) pues al mismo tiempo que a Felipe    ayudé a miles en el mundo    tal es el caso de un venerado anciano de un país de oriente    que muchos lo lloran     qué no pudiera decirles yo de él

          Michelet en tanto gritaba de coraje

No importa   quien está conmigo   termina por olvidar todo

Luis Armando Torres Camacho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La batalla en el espacio tiempo (fragmento)

June 24, 2011

 PARTE 1

EL DIARIO DE CAÓTICA.

EL TÍTERE QUE RESPLANDECE

Tan delgado como un pensamiento fugaz que se disipa en el viento

me pongo a disposición del pensamiento humano.

 

Por Gesael Franco Quiroga.

GESAEL

Me encontraba de pie frente a las olas del mar a media noche en una playa distante del puerto de Acapulco. Apenas diez minutos antes, había arribado a la casa de huéspedes donde pasaría las vacaciones de verano, intentando olvidar mis aún desconocidas obligaciones futuras.

Amo el mar, las olas; su repetitivo coro de voces, su danza constante al romper en la arena, en un abrazo íntimo amoroso, necesario. Mis sentidos, parecían dormir bajo el murmullo del agua en una relajación íntima, pero cada golpe del mar, los arrojaba a la superficie,  alterando mi noción de la realidad en forma perceptible, mostrándome la esencia misma de mis terrores.

Sucedió de forma inevitable; la marea que hasta ese momento se mecía tranquila en el horizonte, afectada quizá por los efluvios gravitatorios de la luna llena, cambió de pronto. Olas enormes se rebelón a su destino y avanzaron amenazante, como bestias ansiosas por devorar a su presa. La primera mordió mis pies, sorprendiéndome.

La siguiente ola cubrió mis talones de agua sal y arena. Un castillo cuidadosamente elaborado por niños que a esa hora estarían durmiendo en sus habitaciones, sufrió daños irreversibles. Rápido, otra ola me arrodilló y cubrió mi cintura. Instintivamente me levanté como pude e intenté caminar a contracorriente de la fuerza que me jalaba hacia lo profundo. Probé retrasar mis pasos. Todo inútil, como si el océano tomase nota de mi maniobra para escapar, respondió con olas más intensas.

Me detuve, Algo me dijo que la única manera de salir del peligro era mediante la propia fuerza que me atacaba. Aguanté sin evitar el miedo que experimenté cuando vi la manera cómo se alzó sobre mí, una gigantesca muralla de agua. Me azotó con todo y me revolcó hasta la zona de las palapas. Pero no pudo retenerme. Aturdido, me alejé de la playa. Una última mirada: el mar había recuperado su danzante e inmutable ritmo.

Esa noche, no pude dormir buscando explicaciones racionales que justificasen la experiencia, a menos que… ¡Si! Seguramente eso era: la respuesta se escondía en mi pasado, un pasado cuya fuerza, me ha venido arrastrando hasta las experiencias recientes. ¿Qué puedo hacer? Los lobos tampoco limpian su casa.

Mis recuerdos se remontan a cuando tenía siete años y vivía en Arbacot, un puerto sureño de Veracruz. Una noche, de otoño,  en que mi madre y yo,  abordamos un autobús de pasajeros con rumbo desconocido. Me sentía feliz. En días anteriores unos desconocidos elegantemente vestidos que tripulaban un lujoso auto gris oscuro nos visitaron. Se trataba de dos hombres con lentes oscuros y vestidos como para una boda. Mi madre Ixtle, se quedó muda en la puerta y yo detrás. No hablaron mucho, pero entendí que nos ofrecían un viaje a la costa del pacífico. Hicieron como si no me hubieran visto a pesar de que yo sentí la penetración de sus miradas. Saludaron, se fueron. Esos boletos de obsequio, nos pusieron en aquel autobús desvencijado.

GESAEL 2

–Mira, mamá, vamos a viajar con paisanos, oaxaqueños y turistas de otro país ­–mi madre, como de costumbre, se limitó a asentir con la cabeza.

Los extranjeros eran una pareja de origen español que vivía en Estados Unidos: Jaime y Janet. Parecían estudiantes universitarios, de esos que se internan por la selva en busca de pueblos indígenas o ruinas arqueológicas; también había otro turista de origen francés: Alain Picard ¿Viajaban por vacaciones, por trabajo o por estudios? No lo sabía entonces. Más adelante me enteraría de las circunstancias que los pusieron en el mismo transporte.

Igual, treparon al camión dos señoras de edad madura; profesoras. Por su forma de hablar daba la impresión de que estuviesen dando clases. La más joven se llamaba Juana y no paraba de quejarse de su yerno: lo acusaba de innumerables faltas de atención hacia ella. Su compañera era Mirza, una mujer muy paciente. Mantenía los ojos cerrados, al parecer sin prestarle atención. Irían a pasar sus vacaciones a la sierra de Tehuantepec. Luego escuché que no iban a desaprovechar aquella oportunidad…

– ¡También les regalaron los boletos! ­–le di un codazo a mamá. Me miró molesta y con un dedo en los labios me calló. Que no fuera metiche.

Aburrido, me puse a observar por la ventanilla al chofer del autobús, al que algunos viajeros decían Mike o ¿una extraña voz ya me había dicho su nombre? Se trataba de una persona de estatura mediana, bigote zapatista y sombrero tejano. Su cara daba la impresión de estar percibiendo siempre olores desagradables. Su placa de identificación decía: Fermín Torres. Conductor. Autolíneas Unidas. Mike era su apodo gringo, después me lo diría su hijo, por aquella pinta de chicano que tenía su padre.

Atanasio. Así se llamaba el hijo de Mike. Cobrador de boletos. Un joven como de unos veinte años, alegre. Desde que arrancó el camión empezó a coquetear con casi todas las muchachas  que  subían o bajaban en las paradas de viaje, ante la expresión de disgusto de su padre. Al igual que don Fermín, hablaba el inglés como pocho y anhelaba el día en que  cruzaría de mojado la frontera.

En un entronque, varios kilómetros después de la estación de Arbacot, tres mujeres detuvieron el autobús. Agrícola, Acuma y María Zapot. Regresaban a su pueblo después de vender mercancías en Tuxpan: elaboraban dulces y bebidas de caña. Huérfanas y solteras. Entre ellas se ayudaban; en especial lo hacían con Acuma, a quien le echaban la mano para cuidar y mantener a sus hijos: Esteban y Federico, de cinco y siete años, respectivamente. Los dos niños eran tan parecidos entre sí que no dejaban lugar a dudas que venían del mismo padre, un taxista que fue a la tienda por cigarros y no volvió. Por lo menos, eso comentarían entre si, extrañamente, en voz alta para que todos escuchásemos.

Más adelante treparon dos hombres, acompañados por una mujer. Gente de la sierra de Los Tuxtlas por su apariencia mestiza. Uno tendría como ochenta años, corpulento: José Xolo Itzba. Viudo. La joven que lo seguía parecía su hija pero en realidad era su mujer. Lo supe por el gesto que congeló a Atanasio cuando éste, con una sonrisa, trató de ayudarle a la joven a subir al estribo. José Xolo Itzba cultivaba marihuana. Sus tierras estaban perdidas entre las montañas. Siempre con problemas de riego. Y sin ayuda del gobierno. No importaba: los narcos; ésos si eran gente buena. Recuerdo que en un momento, a pesar del traqueteo del camión, logré escuchar su conversación con la joven, un par de asientos atrás. Era un cuchicheo monótono. El viejo decía que tenía un gran temor a los brujos de su tierra. Supersticiones y consejas de por sus rumbos.

El otro hombre, relativamente joven, se llamaba Antonio Xalate. Igual que muchos mexicanos jóvenes y fuertes, soñaba con regresar al condado de Medina, Texas, donde trabajó los últimos tres años limpiando heces de ganado en unos establos hasta que lo agarró la migra y lo regresaron. A pesar de todo, no dejaba de perseguir el sueño americano. Mientras tanto, aquí mantenía dos mujeres: la esposa oficial y “su vaquilla”, la otra, a quien todas las mañanas le dejaba el gasto. De momento hacía faenas de cortador y limpiador de maleza en los cañales, por lo que no siempre tenía trabajo, aunque se las arreglaba con sus mujeres para conseguir de comer y beber: pulque o aguardiente. En sus años como ilegal, ahorró algunos dólares que administraba como podía y le servían en las épocas malas, pero sabía que eso no duraría mucho. Regresar al país del norte era, por tanto, su mejor alternativa, y lo haría a la primera oportunidad, pese a las amenazas de muerte que recibió de un apache, enojado porque sedujo a su hija y la dejó embarazada.

Desde que salimos de la terminal de autobuses había sentido piquetes en la nuca. Me molestaban cada vez más. Era como si me estuvieran arrojando alfileres a mis espaldas. Por un momento me alcé del asiento. Miré al fondo del pasillo. Junto a la puerta del baño. Entonces la vi. ¿En qué momento había subido al camión esa mujer de semblante serio y tranquilo? Me topé con su mirada, infundía respeto. Estaba sentada muy cerca de las tres hermanas Zapot. Ellas le hablaban como si fuese su madre o protectora. La mujer cerró los ojos. Cesaron los alfilerazos. Una pantera negra cruzó por mi mente: Carmen Topete Chaca, adiviné su nombre.

– ¡Una bruja blanca, mamá! –le dije al sentarme de nuevo.

– ¡Ya, niño!  ¡Te van a escuchar! –me aplacó con un pellizco.

-Recuerdo tus palabras. Me enseñaste lo que hacen esas señoras: trabajos y limpias con huevos que echan en vasos con agua, que les permite conocer los problemas de la gente. Me dijo que, a diferencia de brujos y espiritualistas, son personas buenas, que no les importa el dinero para aliviar a quienes acuden a ellas, que

son capaces de recetar la medicina natural o de patente para curar las enfermedades, que incluso han combatido el cáncer con cirugías espirituales –le aclaré

–También te enseñé a no hablar de los demás –dijo mi madre, como si hubiera leído mis pensamientos.

– ¡Es que este viaje es muy aburrido!

–Si estás aburrido, mejor duérmete y no molestes…

– ¡No tengo sueño!

Ella me contó también cómo una de estas brujas le salvó la vida a la hija de una vecina. Una pequeña infectada por los mosquitos. Los médicos habían diagnosticado leishmaniosis chagas. Después de una semana de oración y baños con yerbas santas, la niña dejó de vomitar y le desaparecieron las llagas del cuerpo. “Son mujeres que conocen las formas de luchar contra ciertos espíritus”, me dijo entonces.

– ¡Yo creo que esta señora es una nagual! (1).

– ¡Ah, qué niñito éste! ¿Y si de veras es una nagual y se enoja por tus tonterías y nos mata? Ya quédate calladito –ordenó Ixtle, entre molesta y asustada.

Imposible guardar silencio. Era mi primer viaje fuera del puerto de mi infancia. Todo lo que veía me llenaba de asombro, y enseguida lo compartía con mi madre: nubes, pájaros, cerros… También le narraba las visiones siniestras que de pronto me acosaban. Trozos de pesadillas. Guardias armados y al volante de autos grises… Ella me escuchaba atenta y se ponía seria, ensombrecía su rostro. ¿No eran esos extraños que de tanto en tanto aparecían por la casa desde que yo era pequeño? ¿Como esos fuereños de la víspera del viaje?

Nos regalaron los boletos del autobús para ir a… ¿Quién podía decirnos realmente a dónde viajábamos todos? Aquella gente de campo, las hermanas que salieron de Tuxpan, los universitarios extranjeros, la nagual, los mojados y las demás personas que fueron subiendo a lo largo del trayecto; rostros que ya no recuerdo, acaso porque no vivieron la experiencia, la suerte abominable de quienes llegamos a Caótica.

(1). Persona capaz de transformarse en animal, según creencia muy difundida en México.

Luis Armando Torres Camacho

 

 

 

 

 

Un crimen extraño (fragmento)

June 24, 2011

PARTE 1

UN CRIMEN EXTRAÑO.

¡Oh soledad!,

Los sonidos que brotan de tus cansados labios

han sumado su eco a mis recuerdos

 

           Por ABDEL ROSALES.

            Ecos de soledad

EL NARRADOR

Hace más de un año que el Gordo Grasiento invadió la vida de dos pacientes del sanatorio, aunque dadas las circunstancias del caso, pudo haber sido antes. Según ellos, por su culpa ahora ocupan unas blancas y no muy iluminadas habitaciones: la siete y la número trece.

Uno de ellos, vivía en un fraccionamiento de clase alta en la zona sur de la ciudad, fue culpado por una serie de crímenes aparentemente ilógicos que se iniciaron hace alrededor de un año. Gracias a sus elevados ingresos económicos,  en lugar de ir a prisión, solo fue condenado a recibir tratamiento siquiátrico en la zona de  reclusión del sanatorio. Al otro de clase media alta trabajadora, se le encontró menor grado de responsabilidad y quedó confinado en la misma área.

En ocasiones gritan, lloran, reclaman; pero en sus escasos ratos de coherencia me contaron cosas raras, como suele suceder con esta clase de enfermos.

Esta es la recopilación de la historia que ambos narraron. Le sumé información obtenida de algunos reportes periodísticos y algunos datos que me fueron proporcionados por las personas adecuadas.

VIERNES 1o. DE MARZO DEL AÑO 2002

1

Eulalia Hernández gritó de espanto y dolor al sentir el filo del cuchillo atravesar sus carnes; tajos asestados con saña inaudita le laceraban brazos, manos y la zona central del abdomen. Sus anticuados lentes de aumento se quebraron en cientos de fragmentos que cayeron a los pies de su cruel atacante.

La sangre fluyó abundante entre sus lastimados dedos, que oprimían su abdomen; reclamando su derecho a una muerte natural, en su cama y en otro momento. Sollozos de dolor y tristeza mojaron su marchito rostro. Una última imagen quedó guardada en las neuronas que regulaban su visión: la de un joven conocido, que ahora, inexplicablemente, la miraba con odio. Ya no pudo bajar sus párpados, sus pupilas quedaron dilatadas ante la llegada inminente de la muerte y su abismal y vertiginoso camino.

El criminal recorrió con una mirada de desprecio el largo vestido estampado con círculos grises y blancos, ahora manchado de color rojo púrpura, al igual que sus zapatos bajos y anchos, que sugerían una necesaria comodidad para caminar.

Lágrimas empañadas de odio y viejos y de terribles recuerdos, bajaron como torrentes por sus mejillas. Durante unos minutos exhaló sus resentimientos sobre el cadáver. Luego, meticulosamente borró cualquier huella que pudiera delatarlo, enrolló el cadáver en una alfombra liviana, y lo cargó hacia el auto rentado que había dejado  estacionado fuera de casa.

¡No hubo testigos!, ¡ni siquiera un borracho o un vicioso!

¡Todo había salido perfecto!

Una sonrisa torva acudió a sus labios y feliz, se alejó de la escena del crimen.

2

El agente García (a quién sus enemigos apodaban El Loco García) supo, al ver la escena del crimen, que esa mañana no se había cruzado con uno, sino con dos gatos negros, se  había levantado del lado equivocado de la cama, o peor aún, ambas cosas.

El cadáver que tenía enfrente, semienterrado bajo la gris y cálida arena de la playa, presagiaba complicaciones personales, biológicas y laborales.

Egresado de la Academia de Policía de la procuraduría, con un diplomado de cuatrocientas horas en investigación forense y una larga experiencia, la presencia del  cadáver no debía impresionarle. Este sin embargo, le producía una rara y poco común sensación de vacío en el estómago. Intuyendo el incremento del efecto en este órgano al  paso de las horas; tomó distancia, se frotó las fosas nasales con su pañuelo a causa de una  rinitis crónica que como sucedía en este momento se exacerbada por el estrés de la situación y, cuando como ahora, soplaban fuertes vientos del norte.

Se acomodó a la sombra de una palmera no muy cercana al cadáver, a pocos metros de su auto familiar, de un modelo bastante atrasado, con un motor turbo arreglado para carreras.

Desde esa posición pudo observar el interrogatorio de que eran objeto los pescadores que habían descubierto el cuerpo. Por instinto, llevó su mano derecha al bolsillo izquierdo de su camisa, rastreando una vieja y ajada cajetilla de cigarrillos sin filtro. Sacó un pitillo maltratado, lo vio con curiosidad e hizo un gesto de asco; lo devolvió a la cajetilla que reacomodó con aparente indiferencia en el mismo bolsillo;  gesto residual de su época de fumador.

Una caja con chicles dietéticos con sabor a menta que guardaba en el pantalón, sustituyó al cigarro en su boca, que dibujaba una amarga sonrisa que encuadraba a la perfección con su rostro adusto y sombrío.

Sus “no amigos” consideraban sus gestos como parte de una personalidad hostil y engreída; a diferencia de sus compañeros de equipo, que lo consideraban como parte de sus defensas para evitar comprometerse emocionalmente con el resto de los agentes.

Jesús se consideraba un escéptico, desconfiaba de la mayoría de las personas relacionadas con su profesión a excepción de sus colaboradores; con ellos y unas cervezas, hablaba, cantaba, parloteaba en demasía y hasta contaba chistes -por lo general sarcásticos, complicados y aburridos.

En cambio, sobrio y a la hora de realizar su labor, se comportaba  serio y taciturno; justo como en ese instante, que realizaba un análisis en perspectiva sobre el aspecto cruento que guardaba el cadáver y el avanzado estado de putrefacción en que se encontraba. La sensación de vacío en su vientre crecía al llevar la figura destrozada de la anciana a lo profundo de su conciencia.

Por experiencias anteriores, y por diferentes motivos, sabía que su organismo necesitaría de por lo menos tres días para desintoxicarse de la incómoda sensación de vacío gástrico,  incluso podía llegar a prolongarse durante  semanas.

<<El desgraciado sádico que le causó este daño a la anciana, y a mi  organismo, me las pagará>> -pensó. <<No habrá mordida ni recomendación que salven al homicida, haré mi labor con dedicación y agarraré al buey ese, de un modo u de otro>>.

Se levantó de su cómoda postura y e inició su ambulantaje circular característico buscando las posibilidades: Un güey se pudo haber pasado de drogas o de alcohol; Jesús, había realizado investigaciones de crímenes por motivos parecidos, el detalle era, que éste se había realizado en un lugar diferente, conclusión a la que llegó por la ausencia de sangre mezclada en la arena, y no imaginaba a la señora Eulalia Hernández de setenta y tantos años (no le habían quitado la identificación), teniendo un romance secreto a la orilla del mar.

Quedaba la probabilidad de una venganza; habría que investigar intensamente esta línea. Algo podría surgir al paso de los días, tal vez un viejo enemigo, considerando la saña empleada para matarla. Todos esos tajos y las lesiones en el área del vientre lo sugerían. Quizás un asesinato ritual.

Las pesquisas mostrarían más adelante, que la anciana no era ni rica ni pobre,  no tenía deudas ni enemigos conocidos, no consumía drogas y el criminal no le había robado ni un alfiler. ¡Que lío!

Nunca le había tocado ver a una mujer de esa edad asesinada con semejante sadismo. Veracruz era una ciudad tranquila, con típicos crímenes de cantina, de viciosos, o de malagradecidos deudores.

Bien le había advertido su jefe, por teléfono, en la mañana:

-Este caso no va a tener nada de divertido Jesús, pero, como a usted le gusta la investigación seria!, pues dije, este es un caso para el loco Jesús, eso sí, necesito velocidad, si no la prensa me va a estar chingando, y no queremos eso ¿Verdad?

Y en efecto, a él le gustaba la investigación seria, no como la que se acostumbra en México, en donde los únicos que hacen trabajo de campo y reales indagatorias son las “Madrinas”, gentes del bajo o del alto mundo que se desenvuelven en los medios sociales adecuados, escuchando por aquí y por allá, pasando pitazos a la policía a cambio de protección para realizar sus actividades ilícitas, por el gusto del chisme, por sentirse importantes o con el ánimo de perjudicar a algún enemigo.

Muchos eran choferes de taxi, de los que sacan conversación a su clientela; no faltaba el indiscreto que soltaba la sopa, con la seguridad de que la información no pasaría de ahí.

Una vez enterados, los taxistas pasaban los datos a los agentes, que identificaban e interrogaban al señalado y si era necesario, lo sometían “a tratamiento” en los separos de la ministerial o de la policía judicial del estado. Rápido los hacían confesar lo que fuera, cierto o no.

Si el elegido tenía billetes ahí quedaba la indagatoria y abandonaba los separos, si no, tras unos pocas horas o días de estar guardado, el sospechoso conseguía el dinero de donde fuese, so riesgo de quedarse guardado en el tambo demasiado tiempo.

Satisfecho por el reto que representaba la investigación, Jesús dio dos o tres vueltas en círculo sobre la arena con la vista clavada al suelo, profundizando en los riesgos políticos de tratar con este tipo de investigación. Si la prensa intervenía, se convertiría en un gran escándalo y en un problema para él.

Maldijo en voz baja.

-¡Desgraciados reporteros! <<y más maldito el que hizo esto, lo pagará o dejaré de llamarme Jesús. Si no lo hago seré el hazmerreír de la delegación>>. Uhm!, quién los aguantará si fracaso: No que muy investigador. Ándele, para que se le quite lo loco y lo presumido. Ya iba siendo hora de que pusiese los pies en tierra.

Imaginó la oleada de críticas mordaces de sus compañeros y se removió inquieto,  así es que hizo un esfuerzo para vencer su repugnancia y se acercó a platicar con los peritos en criminalística del forense. Algo le dirían y comenzaría la verdadera investigación,

<<Ya verá ese maldito asesino>> -pensó.

-Lleva por lo menos tres días de muerta, -le dijo uno de los peritos.

Jesús preguntó por más de media hora, y después, con gesto malhumorado por el calor, se encaminó a la delegación. Informaría a su superior y luego podría consumir algún alimento. ¡Si no vomitaba antes!.

<<Quién me puso a prueba, pagará por ello. El maldito pagará ¿Qué clase de alimaña mata a la gente de esta manera? Maldito>>.

Luis Armando Torres Camacho