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Lectura de Juan Manuel Carreño en el Sanmillano 2011

June 25, 2011

Juan Manuel Carreño

Clavos

June 24, 2011

El hombre llegó a su casa tremendamente borracho e insertó trabajosamente la llave en la puerta de  entrada. El click lo hizo sonreír en medio de su inconsciencia alcohólica. Abrió con lentitud la hoja que dio paso primero a la luz mercurial y acto seguido a su sombra que parecía arrastrarse en el piso. Cerró tras de sí y trastabillando avanzó lentamente hasta alcanzar el pasamanos de la escalera. La ascendió lentamente mientras dejaba escapar varios eructos que salían involuntarios de su garganta. Cruzó por el pasillo que conducía a su alcoba. Llegó a la puerta sosteniéndose en las paredes y esbozó una sonrisa. Abrió. Entró. En la cama, bajo la sábana, su esposa semejaba una pequeña montaña cubierta de nieve. Se sentó en su lado e iba a quitarse la corbata cuando su cuerpo lo dejó a su suerte prefiriendo descansar en la suavidad que lo reclamaba. El hombre estaba dormido y roncaba como lo hacen los borrachos perdidos.

   Soñaba. Soñaba que su hijo lloraba y que era de noche, y que él estaba vestido para ir al trabajo, y que el niño pedía a gritos su presencia y que él se angustiaba, y que se levantaba  e iba inmediatamente a ver lo que le ocurría. Y abría la puerta de su cuarto y que avanzaba por el pasillo casi temblando y que entraba en el cuarto del niño y que lo veía llorando y que se acercaba y le preguntaba ¿pero por qué estás llorando? Y el niño tomaba su cabello con las dos manitas  y decía tengo un dolor aquí y se tocaba la cabecita y él veía en ella que tenía incrustado un clavo y que le decía, pobrecito, pero cómo no te va a doler y se lo quitaba de un tirón y el niño gritaba cuando esto sucedía  y que él con el clavo en la mano volteaba hacia la puerta donde su esposa gritaba y lloraba y decía que él era un asesino porque había matado a su hijo y veía a varios policías salir quién sabe de donde, que entraban y lo aprehendían y lo llevaban al bote y en una corte un juez lo sentenciaba  a la pena de muerte y él argumentaba que no había matado a su hijo, que sólo le había quitado el clavo de su cabeza y que no era culpable de nada. Y que el juez le argumentaba: “Al quitárselo lo ha matado” que todos tenía uno y le mostró el que él tenía en la espalda y los policías en las rodillas y que el mismo lo tenía en un costado y que la pena de muerte consistía en retirárselo así como él lo había hecho con su hijo, y lo sometieron entre varios y el juez le sacaba su clavo y todo se oscurecía.

   Despertó agitado y sudaba como si estuviera en un horno.  Y escuchó que su hijo le hablaba y fue a ver lo que le sucedía.  Se acercó a la cama y su hijo le dijo que le dolía la cabeza y se tomaba el pelo con sus manitas, y él, viendo un  clavo en el piso fue a tomarlo rápidamente y le dijo a su hijo: Pobrecito, pero ahorita te pongo tu clavito, para que se te quite el dolor.

 Juan Manuel Carreño

Rosa

June 24, 2011

Se llamaba Rosa Rosales y la rosa era su flor favorita.  Amaba tanto el color rosa que lo usaba en todas las cosas, incluidas sus prendas más íntimas.

Rosa veía la vida de color rosa y un día conoció a Faustino Rosas quien casualmente lucía una camisa de ese color. Rosa se enamoró de él solamente por su apellido y como Faustino realmente llegó  a quererla, le consentía sus manías regalándole objetos rosas. Una noche la sorprendió con estas palabras:

   -Tengo algo que te va a gustar.

   -¿Es de color rosa? –preguntó ella.

   -Sí –y se la mostró.  Era un instrumento grande y rosado que ella tomó en sus manos con gran reverencia-. Con esto enriquecerás tu vida –le dijo Faustino.

Ella besó sus labios y guardó la gran pluma rosa en su rosa cartera.

Cuando se casaron, ella lucía en sus manos un ramo de rosas rosas; se consiguió para este evento un Linconl Town Car rosa, y la alfombra de la iglesia por lo general roja, fue sustituida por esta única vez, con una alfombra de color rosa.  Sus zapatillas también eran rosas y la corbata del novio del mismo color.

La primera noche de bodas, Rosa descubrió que su esposo tenía una cosa rosa rosa y cuando supo por sus amigas que cada hombre tenía una de igual color casi se volvía loca. Y se prometió que a partir de ese momento incluiría entre sus cosas predilectas ese instrumento rosa rosa.

Naturalmente que tuvo con el tiempo dos hijos de color rosa rosa que por sus rosas aventuras nunca supo de quién eran.

La última noche de su vida rosa, Rosa reposaba desnuda con su amante sobre sábanas de color rosa, en ese hotel de paso elegido por su fachada rosa.

Su esposo entró en el cuarto con una treinta y ocho negra y vomitó la muerte sobre ellos que  no era nada rosa.  El ataúd por orden d sus padres fue de color rosa y la cruz y la tumba del mismo color.

Hoy, en el panteón de esa ciudad, se distingue una tumba abandonada por su color rosa desteñido y por la ausencia de flores cada día de muertos.  Y a su  inquilina, ¡tanto que le gustaban las rosas!

Juan Manuel Carreño