Archive for the ‘Ileana Cepeda’ Category

Lectura de Ileana Cepeda en el Sanmillano 2011

June 25, 2011

Ileana Cepeda

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June 24, 2011

Mi cuello es frágil, y además es capaz de soportar la densidad de un pensamiento.

Ileana Cepeda

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June 24, 2011

Después del desahogo, el desaliento devora los deseos.

Ileana Cepeda

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June 24, 2011

Pájaros de colores vuelan y vuelcan sobre mi cabeza dentro de la pecera, que habita en los mares citadinos.

Ileana Cepeda

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June 24, 2011

Deberíamos hacerle un hueco al tiempo y escondernos.

Ileana Cepeda

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June 24, 2011

Debe ser difícil caminar con la muerte en las entrañas.

Ileana Cepeda

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June 24, 2011

Te sueño. Te busco. Te encuentro. Te toco. Escucho tu voz, entre la música de la violencia, que se eleva en nuestra respiración.

Ileana Cepeda

Histerias de amor

June 24, 2011

Él de pie en una esquina. Ella lo vio. Solamente a él. Viró el volante del coche hacia la derecha y la sacudió el estruendoso ruido del claxon. Los carros venían de frente. Sus carcajadas volvieron a embelesarla. Se cubre la boca, apenada, mientras marchan juntos… juntos en la plenitud del día.

Ileana Cepeda

El poema

June 24, 2011

Él tenía preparado un poema, esperaba el momento para sorprenderla al verla, la recibiría con las mágicas palabas del poeta de urbano. Ella llegó de prisa. Le acarició bruscamente la entrepierna mientras le pregunta ¿qué? ¿Qué me ves?

La poesía entonces se convirtió en besos y caricias, pasó de los labios a las manos, recorrió la piel, los cabellos y la lengua mientras la acariciaba apresuradamente. Ella dispuesta a entregarse y dejarse querer. Él se comía y le arrancaba con los dientes la piel, ella clamaba apasionada, cuando de pronto, se detiene, lo aleja y le pregunta. ¿Qué no me habías escrito un poema?

Ileana Cepeda

La guardagujas

June 24, 2011

Sonaba Zenet en el tocadiscos

“Déjame esta noche, soñar contigo
Déjame imaginarme, en tus labios los míos.
Déjame que me crea que te vuelvo loca,
Déjame que yo sea quien te quite la ropa”

 

Él, paseaba por la habitación rodeando la cama y leyendo en voz baja  a Eliseo Diego:

“La eternidad por fin comienza un lunes,

Al día siguiente doy el nombre tuyo,

Y con la punta del cigarro escribo,

En plena oscuridad, aquí he vivido…”

 

Ella, sentada al filo de la cama se entretenía jugando con el agitador del vaso, removía la bebida como si estuviera enredando sus entrañas. Lo veía, lo recorría con los ojos sin dejar que se le escapara uno solo de sus movimientos, observaba sus ojos. Anticipaba sus movimientos con la mirada. Se levantó, dibujó con su dedo un silencio en su boca, y lo invitó a tomar de su vaso.

El filo del vaso acarició sus labios, los labios  que aún tenían pintados los besos que ella le vendió unos momentos antes. Levantó el vaso, y atormentado le pedía ayuda. No se escuchaba la voz de Eliseo Diego, sino murmullos parecidos a gritos que desgarraban sus oídos, los de ella. Y su boca, la de él, la arañaba la voz de Zenet con la aguja del tocadiscos que por casualidad se le tiró a ella, dentro de él. Salió tranquila de aquella habitación sin escucharlo, sin mirarlo y sin recuerdos. Murmurando la misma canción y el mismo poema.

Ileana Cepeda