Archive for the ‘Ensayo’ Category

Arquitectura placentera

June 24, 2011

Una de las cosas que más me gusta de la arquitectura es lo palpable. El ver cómo la idea crece. El ver cómo el proyecto sale de la nada, emerge de la tierra para convertirse en algo grande. Observo las construcciones cuando voy en la calle, llaman mi atención inmediatamente y también inducen a la crítica. Deformación profesional.

Cuando paso por las casas en remodelación me gusta verlas. La transformación, aunque en pequeña escala, es fascinante. Ahora cuantifico una remodelación. Quiero quedarme con este proyecto. Nunca he hecho alguna tan grande y me quiero quedar con ésta. Imagino espacios. Lanzo líneas etéreas desde mi mente hasta las manos de un albañil. Pienso. Decido. Propongo. Tubos, codos, coples, para que los usuarios tengan agua. Focos, luminarias, candiles, contactos y apagadores, para que la luz artificial sea invitada a la escenografía de la cotidianeidad. Tumbo ventanas y levanto puertas. Ranuro espacios para instalaciones. Multiplico dimensiones para proyectar áreas.

Y mientras hago todo esto, tú estás en algún lugar del mundo. Acompañándome. Acompañándome en este lenguaje de silencios que ahora oculta tantas palabras. Me gusta diseñar. Me gusta proyectar. Me gusta construir. Me gustas tú. Me gusta pensar que un día estarás conmigo.

Acaricio el espacio del ratón sobre la computadora y anhelo ser caricia en tu vientre. Ahí, donde ocurre el milagro y tu metamorfosis. Ahí donde tú, sin ser arquitecta, le has construido a tu hij@ el espacio que ahora habita. Si quiere quietud, tú eres la calma. Si necesita movimiento, tú se lo das. Si requiere espacio, tú te expandes. No le molesta el sol, tampoco siente frío y si tiene hambre basta un impulso para que la sacie. Filtras el sonido y la luz. Nada le incomoda. Nada puede dañarle. Vive, y vive bien, la arquitectura placentera, ahí en tu vientre donde día a día le brindas la mejor casa que se haya construido para nadie.

Lorena Sanmillán

Croquis

June 24, 2011

Al norte el viento, las mariposas del Gabo, el iceberg de Hemingway, el país de nieve de Kawabata y los esquimales. Al sur el agua, el líquido amniótico, las peceras en los consultorios, las sirenas de Ulises y la canción donde las recuerda Battiato. Al este el fuego, la zona de tolerancia, las novelas de la Yourcenar, el amor y los soldados. Al oeste la tierra, los centros comerciales, las películas de Hollywood, el cambio climático y todos los avances tecnológicos. Arriba el corazón del universo, el monolito de Kubrick, la música de Stravinsky y a lo mejor Dios. Abajo el corazón del planeta, el alma de los animales, las flores en los cementerios y las mañanas de lluvia de la Yoshimoto. Al centro mi casa y, si acercamos la toma, yo. Aquí, escribiendo. Qué cosa tan rara.

Dulce María González