Archive for the ‘Diana Maldonado’ Category

Misterio gozoso

June 24, 2011

verbo: destruir

objetivo general: el cuerpo

objetivos particulares: sexo, oído, cuello, dedos, brazo, hígado.

Estoy incómoda, pienso pienso

corrijo, es el cuerpo del otro,

respiro aliviada imagino

me detengo, hay que poner música

¿Quiénes son buenos odiando?

escucho y canto con Albert Plá

yo quiero que tu sufras

lo que yo sufro

 y aprenderé a rezar

para lograrlo…” :

Vaso roto y hallado en el cuello

Estás en una fiesta, borracho,

con el hígado destrozado por el alcohol,

aturdido te pones a bailar con una rubia –no de natura-

que viste minifalda y tiene piernas largas largas,

pegas tu cuerpo con el de ella

y por más esfuerzos que haces, tu sexo

n o r e s p o n d e,

la música perfora tus oídos

(con lo selectivo que eres para eso del ritmo)

insistes, nada,

abres los brazos das vueltas

pides un milagro,

chocas con el mesero

caen al suelo,

se quiebran botellas y vasos,

tus dedos sangran,

sólo ves cuatro de cinco,

de pronto,

una punzada en el cuello

es un vidrio,

cierras los ojos,

y yo desde la esquina

te miro.

Diana Maldonado

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Sobre el dolor: Aprendiendo de Sylvia

June 24, 2011

De “Tres Mujeres”[1]

Sylvia Plath

(Poema radiofónico, representado por primera vez en 1962 por la BBC)

-en el poema y aquí-

Primera voz (la esposa):

Estoy serena, estoy serena, es la serenidad que precede a

     algo espantoso:

el minuto amarillo antes de romper a andar el viento,

     cuando las hojas

vuelven a sus manos, sus palideces, hacia arriba. Aquí el

     silencio

es tremendo. Sábanas, rostros, blanco todo y quieto,

     como relojes.

 

Voces retroceden, se aplanan. Sus jeroglíficos visibles

se aplanan hasta convertirse en biombos de pergamino

     contra el viento.

¡Describen estos secretos en árabe, en chino!

Me siento muda, oscura. Soy una semilla a punto de

     reventar:

La oscuridad es mi esencia muerta, y es hosca: no desea

ser más de lo que es, o distinta. Me cubre

la oscuridad azuleante ahora, como a una Madonna.

¡Oh, color de la distancia y el olvido!: ¿cuándo romperá el

     tiempo

y la eternidad lo tragará, ahogándolo completamente?

Hablo conmigo misma, sólo conmigo, apartándome:

Envuelta en pañales y cárdena de desinfectantes, víctima

al sacrificio. La espera me aploma los párpados. Yace

 como el sueño,

como un gran mar. Lejos, muy lejos, siento la primera ola, tira

hacia mí su cargamento agónico, inevitable, como marea.

Y yo, cáscara, eco en esta playa blanca, me enfrento

con voces abrumadoras, con el elemento terrible.

-en el poema-

Tercera voz (la muchacha):

-aquí-

Segunda voz (la muchacha):

Ahora soy una montaña, entre mujeres montañosas.

Entre nosotras los médicos, como si nuestro grosor

ahuyentara la mente. Sonríen como tontos. Son ellos

los culpables de mi estado, y bien que lo saben. Se abrazan

a sus cuerpos planos como a una especie de salud.

¿Y qué si se vieran cogidos por sorpresa, como yo?

se volverían locos.

¿Y qué si dos vidas se escurrieran por entre mis muslos?

He visto la estancia blanca, limpia, de los instrumentos

     cortantes.

Es un lugar de gritos. No feliz. “Alli

es donde irás cuando llegue tu hora.” Las luces

nocturnas son planas como lunas rojas. Mate a fuerza de

     sangre.

No ha llegado aún mi hora. Debiera

haber acabado con esto que acaba conmigo,

 

-en el poema y aquí-

Primera voz (la esposa):

 

No hay milagro más cruel que éste. Me siento

arrastrada por caballos, cascos férreos.

Duro. Sobrevivo. Realizo algo. Túnel

oscuro, por donde pasan las visiones. Las visiones,

las manifestaciones, los rostros sobresaltados.

Soy el centro mismo de una atrocidad. ¿Qué dolores,

qué tristezas nacerán de mí?

¿Puede ser inocencia matar, matar? Me ordeña la vida.

Los árboles se ajan en secreto. La lluvia corroe.

La gusto en mi lengua, y los horrores realizables, los

     horrores

que observan, quietos, las madrinas ofendidas

con sus corazones que hacen tic-tic, con sus saquitos de

     instrumentos.

Seré tabique y techo, protectora. Seré cielo y colina de

     bondades: ¡Dejadme en paz!

 

Una potencia crece sobre mí, una vieja terquedad.

Me escindo como el mundo. Esta negrura, este ariete

de negrura. Curvo mis manos sobre la montaña.

El aire es denso. Es denso de mí misma. Soy un objeto.

Me fuerzan a someterme. Mis ojos.

estrujados por esta negrura. No veo

nada[2].

-aquí-

Tercera voz (otra mujer):

sssshhhh

Comprendo, no sé porqué

nunca he sido montaña. Tal vez por eso me levanto a mitad

de la noche, y me asomo a la ventana buscando la

luna.

Tengo mi cerebro

intacto, eso dicen. Soy valle, llano, bosque, selva

eso siento. Ellos siguen riendo,

nerviosos.

Soy cobijo de mí misma.

Mar,

mi propio alimento, mi propia semilla. Acaricio el vacío,

me carcome: qué angustia ser la de ahora.

¡Cuántas vidas hipotéticas salen de mi cuerpo¡

El viento desgasta, me va descubriendo

los otros miran, como si no me

conocieran. ¡Basta!,

me duele.


[1] Pardo, Jesús, ed.  “Sylvia Plath, Antología”, Colección Visor de Poesía, España, 2003.

[2] Jesús Pardo, ed.  op cit., pp. 285-289.

Diana Maldonado

Sobre la dificultad: ____________________

June 24, 2011

P  a  r  a  j. e.

 

Una casa que lo fue,

recámara living patio baño,

en la memoria un espejo,

librero cama gatos,

luego nada.

Los muebles son barcos,

en el suelo hojas tiradas

se mueven con el viento que entra

por la ventana,

algas,

te quitas el zapato y sientes agua.

grito

 

e    s    t    o    y    d    e    s    n    u    d    a

 

caigo

expuesto el cuerpo

también el alma.

Las paredes son olas,

espuma blanca,

saco la lengua para probarla,

floto sobre el televisor

navego por lo que era la sala,

bocarriba,

veo el techo: nubes

una mancha,

los labios dibujan palabras,

hablo sola

intento resolver un tanka.

Es inútil: sietedieznueve…

¿dónde está la que soy?

¡Ah, si pudiera encontrarla!

 

Otro lugar.

Una mirada como cielo barroco,

diferente, fuerte, extraña,

nadie la nota,

es infinita, compleja, tensa y dramática:

quiero atraparla,

que no se vaya, verla de noche y por la mañana,

que duerma entre las sábanas.

La busco, lo intento desesperada,

me sumerjo en ella

y camino por líneas geométricamente trazadas

nunca acaba.

Las voces callan,

ahora serena,

por segundos confiada,

este es el sitio,

donde el vacío no es la nada,

es todo

el punto de partida

y el de llegada.

Diana Maldonado

La cabeza en la almohada

June 24, 2011

Que estaba contigo,

soñé,

y que corría…

mmmmmsoñé.

Diana Maldonado

Sobre el cuerpo: Diez imágenes para danzar

June 24, 2011

Voy y vengo.

Uno, dos, tres, cuatro.

El problema es el tiempo

 

Primera:

Aquí estoy

quito las manos que cubren mi rostro,

por los brazos escurre sangre.

Los miro asustada, me muevo, los sacudo,

no quiero mancharme.

 

Segunda:

Tu cuerpo es el vacío, lo formo, lo adivino:

Una oreja, la muerdo; los dedos,

atrás, adelante; la espalda, las piernas, me envuelven,

te abrazo, corro,

feliz. Te persigo.

 

Tercera:

Veo mis pies, sólo el izquierdo.

Algo sucede,

tus manos invisibles, crecen,

palmas del tamaño de mi esqueleto,

se juntan,

aplastan un insecto.

Me ahogo de ti:

Ahhhhaiiaahhhhhh

ahhhiy hhhia

Respiro.

 

Cuarta:

Tu boca en el suelo,

Se repite, forma un camino,

lo sigo.

Las piernas se doblan, se abren,

labios que buscan la humedad de la lengua,

insistentes. Después:

círculos;

el agua, murmullo

tun, tú tú; tun, tú tú; tun, tú tú

plateado río.

 

Quinta:

La pierna te busca; agarras el tobillo

balanceo. Sostienes mis brazos,

equilibrio. Estás adentro

cuerpo en dos masculino y femenino.

Avanzas, me llevas. Decidido

 

Sexta:

Punta clavada en el suelo con firmeza

rosa varonil,

giro, giro

Yo:  triángulo suspendido, tembloroso

giro, giro.

 

Séptima:

Los ovarios, el útero, la vagina,

pupilas dilatadas,

los pezones, el clítoris, los labios

esperando, tun, tú tú; tun, tú tú; tun, tú tú

[ Casi sin hacer ruido].

 

Octava:

Sigues ahí, puedo sentirlo

impulsos que me llevan de lado a lado,

me resisto.

¡Es suficiente!

Quiero que salgas, que vuelvas a la nada

que me mires escondido.

Tus manos, que son mis manos,

aprietan con fuerza. Sonrío

Silencio

Te has ido.

 

Novena:

Estoy sola

Pongo la cabeza cerca del ombligo

me escondo.

¿cómo destruir el vínculo?

Puntos importantes:

sexo, cuello, brazo, oreja,

boca, dedos, hígado

hundo alfileres

imagino que eres tú

y que no te necesito.

 

Décima:

El dolor me retuerce. Es inútil

tus ojos siguen intactos, fijos en la mente,

aparecen en mis manos, recorren la piel que vivo.

Se oye algo: –ayyhhaimmmaiyaaahhhhiiiiiammmm-.

Parece el ensayo de un gemido.

Diana Maldonado

 

Frente al espejo

June 24, 2011

Quisiera que hubiera un sacapuntas para el pelo,

que pudiera guardar en mi axila, que cuando hiciera su trabajo

bbbbbbbbblo hiciera en silencio.

Sacarle punta al pelo sentada en una silla, viendo hacia la puerta

con los ojos clavados en la calle, afuera,

sintiendo como si vertieran agua sobre mi cabeza

mmmmmy quitaran la grasa y la viscosidad.

Un sacapuntas preparado para dejar el cabello que valga la pena

y tirar el sobrante por el drenaje.

Diana Maldonado