Archive for the ‘Alejandra Cordero’ Category

Harta de mí

June 24, 2011

Harta de mí, desciendo al infierno sin tenerle miedo

a las escaras que brotan

de mis pies provocadas por intenso y diabólico calor

engendrado por las sombras del olvido

y desde mis sentidos

la oscuridad que me ahoga

me hace compañía

en el ruido de sus choques absurdos.

Harta de mí, el silencio

se hace un ruido constante en una sólida masa de humo

y así entre el pleno desencanto de mi propia imagen,

harta de mí, habito

una a una

cada cual de las casas de poca heroicidad

que me cubre toda de frío mármol y de tabla hueca

Harta de mí, las luces que todo el día yo dejo encendidas

José Alfredo no sabe cómo apagarlas,

pero ellas, inapagables,

se opacan resignadamente cuando la luz natural entra amenazando

con cronometrar la estéril esperanza de que la pesadilla terminó

Harta de mí, tomo cianuro noche a noche sin ingerirlo

y su sabor perpetuo me desliza inevitablemente a un camino
donde resbalo y resbalo sin jamás caer;

mi cuerpo queda atrapado en un vaivén tortuoso infinito

y amarillo,

amarillo,

amarillo,

amarillo…canceroso y amarillo.

Harta de mí me encuentro

a mí misma siendo otra en otro lugar

que es el mismo que solía habitar en los sueños

que tuvo alguna ocasión aquella niña que tal vez fui,

aquella que no pensaba en tiempos ni espacios llenos,

sino que cubría los vacíos con pulsiones de vida emanadas

de mis diosas terrenales cuyo terreno

se ha reducido a un par de bolsas de tela barata,

un par de todo,

un par de nada

Harta de mí, me sumerjo mar adentro y

la sal de la mirada absorbe toda su agua

y al salir de lo profundo la mirada me traiciona

y saca el mar con estertóreos movimientos asfixiantes de cianuro sin cianuro,

del cianuro que es sal, sal adentro,

del cianuro que sin serlo es más puro que el cianuro,

es mar agua es mar sal,

sales de cianuro vivas que me mueven a sacarlas de mi cuerpo

y a repetir día a día el ritual

modificando mi percepción de espacio-tiempo

Harta de mí, caigo en un rendido sueño

que no me deja dormir y mantiene mis parpados cerrados

hacia un viaje del que no saldré jamás

mientras siga yo conmigo,

mientras siga despierta,

mientras no halle el camino

hacia esa isla donde las bolsas ya no son bolsas,

ni las cenizas ni el mármol ni la tabla son ellos,

sino al llegar a la isla mis diosas y yo somos

todo lo que fuimos antes de que todo se fuera infierno adentro,

se fuera dando vueltas metros y metros

convirtiendo todo esfuerzo sólo en fierros, escaras

y consecutivos decesos…

Harta de mí me sorprendo

sin mi cianuro a la mano,

con cafeína de repuesto,

con letras que no dicen nada,

pero que están ahí

acompañando a mis miedos.

Harta de mí me harto de todo

de lo vivo y de lo muerto

de la comida que empieza a comerme

a mí más que a ser mi alimento

harta de lo que antes podía ser

adicción, pasión o apego

pues nada se compara nada se compara

a ustedes dos

habitando en mi habitar

con sus dos almas y sus dos cuerpos

Harta de mí, me escondo

pero siempre me encuentro

y ya sin tanto enojo me inundo de risas graves

llenas de mi humor negro,

y continuo despacio

sin siquiera darme cuenta

habitando mi cuerpo,

intentando ser mi héroe

hasta que se me acabe el tiempo…

 Alejandra Cordero-León y Torres

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La máquina de Julio Antonio Mella

June 24, 2011

Papeles en orden llenan el pequeño escritorio. Ella los acomoda para después entregarlos a cada integrante del partido. La puerta cerrada comienza a rechinar; se mueve impulsada por las manos de Julio quien entra. Después de cerrar se queda observando a Tina desde ahí. Ella voltea. Lo mira. Él no dice nada. No hace falta pues Tina lo mira. Eso es suficiente para comenzar la batalla contra las ropas impuestas por la razón y la causa.

Tina recarga ambas manos en el escritorio. Ve hacia el techo dejando el cuello desnudo vulnerable a la invasión. Julio desliza sus pasos hacia ella. La mano izquierda de Tina ya se ha posado en una tecla de la máquina. Mientras, él va descendiendo. Con lengua y dientes desnuda todo rastro de piel y lo viste de copiosa humedad.

Tina, sin percatarse, oprime a ritmo lento la letra A El papel ya no continúa con frases políticas A A A A A Los papeles se han desperdigado por el suelo A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A La boca de Julio explora con suavidad los otros labios de Tina. Ella aumenta la velocidad al tecleo A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A AAAA La máquina cae  ¡Trash! El estruendo no inmuta a la pareja. El cauce de su humedad los arrastra a no detenerse, pues en momentos como éste, la causa puede y debe esperar.

Alejandra Cordero-León y Torres

June 24, 2011

¿Cómo es posible que estés leyendo esto? Sí, a ti te estoy hablando. Sí TÚ que te encuentras leyendo estas líneas. No, no voltees a los lados y no te vayas. Quédate ahí. Piensa cómo y porque lees esto, precisamente ESTO. ¿Acaso es porque te has dado cuenta de que sé muy bien lo que haces todas las noches antes de irte a dormir? No, no me refiero a que ves televisión o te lavas los dientes (a veces ni lo haces). TÚ sabes bien de lo que estoy hablando. Antes de dormir TÚ vas y te azotas en cualquier superficie plana miras hacia arriba, nunca hacia el cielo ni hacia el techo. Simplemente hacia arriba. Debrallas estadios de absoluta represión. Te repites deseos obsesos que nunca te atreves a expresar. Llenas de ensueños tus circunvoluciones, y luego elaboras cientos de imágenes mnémicas subversivamente deliciosas y descaradas que después pretendes olvidar. No, no te detengas, sigue leyendo. Sí ya sé. No me crees. No me crees absolutamente nada. Piensas que tu vida es inescrutable que nadie, ni siquiera TÚ, puede ver lo que haces antes de dormir. Yo sí. He visto tu sombra diluirse entre las paredes de tus frustraciones. He observado tu piel completamente desnuda verterse en fases de inefable confusión. Has estado boca abajo pidiendo perdón al deseo por no poderlo sentir, por no poderlo saciar. ¿Aún no me crees? No te preocupes. Hoy por la noche, yo estaré ahí. Pero te advierto que no podrás verme, porque cuando yo aparezca TÚ ya estarás completamente dormid@.

Alejandra Cordero-León y Torres

Joseph

June 24, 2011

–       No sé…

–       ¿QUÉ?

–       No sé si tú eres un ave…

–       ¿UN AVE?

–       Sí. ¿sabes? , a mí siempre me han gustado mucho los seres con plumaje, en especial aquellos que no pueden volar …

–       ¿Y LUEGO?

–       Ahora que te veo tan callado, tan distante, tu plumaje se desvanece y sólo puedo percibir un leve aleteo en tu espalda. Es entonces cuando creo que no eres un ave sino un ángel. Pensar en eso me da mucho miedo…

–       ¿MIEDO?

–       Sí. Los ángeles son como muertos. Vuelan demasiado alto. No respiran. No comen. No fornican. Deambulan por doquier en servicio de un Dios implacable.

–       ¡QUÉ TONTERÍA!

–       ¿Te parece una tontería? ¿Por qué?

Joseph no dijo nada. Se limitó a ponerse su chamarra para esconder sus alas. Se levantó y se fue caminado, lento, lento, hasta convertirse en un punto borroso al final de la avenida. Quise detenerlo. No lo hice… de nada hubiera servido…

Alejandra Cordero-León y Torres

Muerte verde

June 24, 2011

Muerte que te quiero muerte.

Muerte que te gusta el viernes para,

a espaldas mías, aparecerte.

En esos tres viernes de clima frío,

donde un sol esplendoroso

brilló nublando mi suerte;

en viernes siempre de día

pero nunca en la temprana mañana

ni en la madrugada silente.

Muerte que te quiero muerte,

Muerte joven,

vigorosa

instantánea

sorpresiva.

Muerte vieja o parturienta,

muerte lenta o

muerte auto infligida

Solitaria muerte ajena

o muerte en masa invasiva.

Muerte anciana, muerte niña.

Muerte que te quiero muerte,

qué risa te hemos de dar

los humanitos ingenuos

que te representamos

con esqueléticos huesos

con hombres demacrados

con mujeres de velo negro

o con hermosos hombres bradpitteanos

o con M de Miroslava que se enamora sin suerte.

Qué risa te ha de atacar,

si es que conoces la risa,

al vernos tan equivocados,

tan soberbios y confiados

y al verte somos solo lo que somos

tan vulnerables finitos

tan extinguibles y amedrentados.

Y tú siempre tan fuerte,

tan nada antropomorfa

tan eterna y recurrente.

Muerte que te quiero muerte:

Mi razón entiende todo,

que si tu función es vital

para que nosotros existamos,

que si el ciclo siempre debe acabar

cuando fijas en alguien tu filosa mirada.

Mi mente lo entiende todo,

pero mi amor egoísta,

mis apegos y pasiones,

no quieren entender nada.

Y se hartan  de aquellos cuentos

donde los seres amados,

se encuentran en un cielo-mundo

indescriptible y lejano.

A esos seres del alma

uno quiere abrazarlos

y escucharlos aquí y solo aquí

compartiendo la vida en terrenos mundanos

y no en sueños

llenos de resignación sin brazos.

Muerte que te quiero muerte,

muerte que en silencio y estruendo

vienes y vas,

y esos cuerpos que tú matas,

como (para nosotros)  no son sólo cuerpos,

dejan morir de dolor a los seres-cuerpos-vivos

que a profundidad los aman.

Muerte que te quiero muerte,

yo que te anhelo tanto

te he pedido que me lleves

con mis personas amadas,

pero tú no me haces caso.

Quizá quieres que mi misión

sea que mi recuerdo intenso

y mi doloroso amor

se materialicen en presencia-extensión

de esas ahora incorpóreas almas.

Muerte que te quiero muerte,

Muerte garcialorqueana

porque no eres negra ni eres blanca.

Eres verde.

Verde como el hartazgo

en los ojos de alguien que le grita “no insistas”

a aquél al que no ama.

Verde como la metástasis

tirana y veloz dentro del páncreas.

Verde como la desesperación

que mezcla un adiós escrito

con cianuro en la garganta.

Verde como semáforo en rojo,

velocidad estridente y

fierros torcidos en la sangrante

banqueta estrellada.

Muerte,

verde,

verde,

verde

como la vida y como la esperanza,

verde como ese pasto

que gustosos pisamos,

sin querer ver que,

de tanto que

sin vivir vivimos,

a nuestros pies,

el verde pasto-muerte

al final nos tragará hacia el centro de la Tierra

centro polvoso y hambriento

del que nadie nunca vuelve.

Alejandra Cordero-León y Torres

Cuello de cielo

June 24, 2011

M se ve al espejo. Piensa que esa imagen no existe. Inventa que los cielos están dentro del cuello de su objeto amoroso. Ama. Cree que ama y no sabe cómo hacerlo. Entonces se refugia en el propio silencio de su cuerpo que late sin remedio ante un bombeo de inercia sanguínea. Sale a esperar. Alucina que pronto será parte de otro ser. Así, M sigue entre líneas y círculos buscando a ese cuello hecho de cielo. Lo encuentra, ahí, ajeno. Labios de alguien distinto exploran esa piel en una esquina oscura de una calle que ha enrojecido de ira. A esa calle le molesta sostener pasiones baratas porque sabe muy bien que el dolor se desparrama de placer, se infiltra entre las venas de todos aquellos que aman y no saben hacerlo. El dolor se ríe de esos besos, los disfruta. Cuello de cielo no. No siente nada. Sólo pretende percibir sensaciones superficiales y ni siquiera sabe que está hecho de cielo. Piensa que la piel es sólo piel y que el amor es un descubrimiento sólo de aquellos que suelen mirarse demasiado al espejo.

 Alejandra Cordero-León y Torres