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Ni yendo a bailar a Chalma

June 24, 2011

– Órale, Pánfilo, apurise, échimi la mano, tengo que llevar a Ulalio con el dotor, onqui, ya ni sé paqué, -se dijo a ella misma Micaela-,  si cada vez qui voy mi dici que está reti malito qui si sigue así, si va ir con los angelitos, -decía en voz alta dirigiéndose a un hombre tirado cerca de ella sobre un sucio petate.

– Dispirti, m’ijo, abra sus ojitos, -se dirige la mujer con ternura al pequeño que lleva en brazos.

-Ya ve, Pánfilo, no sí ni pa’que se jue aste pal otro lado, disdi qui regresó, l’único qui aci is estar ahí tiradote en el petati casi sin moverse, nada más quijándose qui todo le duele, y si’sta reti enclenque, y en todos lados munchos granotis bien feos, sepa Dios porqui, –baja la voz como para que el hombre no la escuche-, ya si mi hace qui tampoco mi dura, se va a morir en cualquier tiempito, a lo mijor, Diosito si los lleva juntitos y si mi van Pánfilo y Ulalio, y de paso pos qen sabi si hasta a mí toca, no mi siento… ay.

– Aci como dos años, cuando vino del otro lado, mi dijo qui venía medio malito, pero bien qui mi embarazó, y todavía se jue otra vez, pero ni duró más qui unos poquitus mesis, regresó disdiqui ora sí pa’ quidarse, malito, malito, pero bien qui seguía fregando con qui quería qui  le cumpliera, hasta qui ora sí, ya di plano, nada di nada, si ya ni moversi puede.

– Cuando nació Ulalio, el dotorcito de la clínica dijo qui venia con algo así como qui sí da, y disdi tonces ha estado rete malitu.

– Don Pancho, el brujo, y doña Juana, qui también li’aci a las salazones, li han hecho munchos salterios, pero no han sirvido pa’nada, si mi‘ace qui si se mi va.

– Mi dijeron qui lo llevara a Chalma, y qui bailara pa’qui los santitus si apiadaran di mi Ulailio, y jui, pero tuvi qui darli a doña Juana el rosario di plata de mi guela, el qui le regaló la patroncita cuando trabajaba pa’la casa grandi, si lo dio cuando si matrimonió con mi  aguelo, -suspiró.

Si lo dio a mi amá cuando yo nací. Pa’mi era sagrado, pero si ir a bailar Chalma podía salvar a Ulalio, todo era poco. Doña Juana mi dio cincuenta pisos, con eso comprí un lugar en el camión di volteo qui va pa’rriba en las fiestas.

– Nos llivaron como animalis, en la cajota di atrás, con unas lonas pa’l sol y unas tablas pa´qui nos sintáramos, pero tuvimos qui quitarlas, ibamos munchos, yo, con Ulalio in brazos casi mi desmayo, un siñior muy guena gente, mi’yudo con mijo, pero nos dijaron reti lejos di la basílica, tuvimos qui caminar pa’rriba dil cerro, por poco ni llego.

– Il camino bien impinado, lleno di piedrotas y con un solazo, pior qui di verano, el mismo siñor bien guena genti, mi’yudó ora viz con Ulalio.

– Cuando llegué, casi ni pudi bailar, mis patas no rispondian, stuve reti mal, y mi dici doña Juana, qui había que bailar hacia tras, y qui por eso los santitos no mi hicieron il milagro.

– Cuando jui con el doitoricto y le platiqué, mi dijo:

-¡Ay mujer, como serán pendejos los indios!, a poco crees que los santitos te van a hacer el milagro y Eulalio se cura, no se salva ni yendo a bailar a Chala, que los santos, son de cuero.

Ada Hinojosa