Un reportaje como cuento

Había una vez un reportero que aspiraba a publicar algunas experiencias personales en el ejercicio de la libertad… Así, comenzó a escribir. Ya son varias  las ocasiones en las que percibo que las personas se sienten inquietas por mi forma de llamar las cosas por su nombre. Si, por ejemplo, escribo un artículo en donde hablo de ‘lavadores de cerebros’, me dicen que uso términos agresivos. ¿Cómo llamar a los que siguen las técnicas difundidas por Goebbels? ¿Recuerdan la tesis de que una mentira repetida suficientes veces termina por ser considerada verdad? ¿No creen ustedes que el sistema del poder abusa al máximo al repetirnos que todo está bien, que el país está avanzando y que somos un ejemplo de transparencia y democracia? Joseph Goebbels, educado en un riguroso colegio católico, era tan cínico como inteligente. Su asunción al poder y permanencia junto a Adolf Hitler -quien lo nombró Ministro de Instrucción Nacional y Propaganda en el III Reich-, es una lección histórica que necesita ser más conocida en sus detalles.

El siniestro líder nazi reconocía en Goebbels dos talentos fundamentales para lograr sus metas: inteligencia y facilidad verbal, y con ello, tuvo suficientes elementos para crear ante los ojos del pueblo alemán (y de otras partes del mundo) los mitos de la supremacía del Führer, de su potencial redentor, y así, gracias a sus habilidades escénicas y manipuladoras, llevar a las masas a rendirse ante el monolito poderoso. La herramienta para construir este imperio del oprobio fue el control total de los medios. Goebbels tuvo todo a su disposición: la prensa, los diarios, el cine, la radio y todas las formas artísticas disponibles.

Ofrezco disculpas por mi vehemencia; pero en este país, que no es Alemania, llevamos más de 30 años apretándonos el cinturón bajo un gobierno que ya cambió de partido y sigue engañándonos con las zanahorias del burro colgando de una vara, al final inalcanzable. En mi gremio, es bueno ser invitado a la comida del Día dela Libertadde Prensa. Se hacen buenas relaciones. A lo mejor hasta se puede agarrar chamba (con la falta que hace). Lástima que el día dela Libertadde Prensa ya no se celebra el 7 de junio, sino el 3 de mayo, aunque algunos preferirían conservar las viejas costumbres palaciegas del besamanos y las noblezas heredadas, por apellido o por capital. No pretendo ser irrespetuoso. El punto es ilustrar cómo seguimos incurriendo en una forma de hacer periodismo que fácilmente queda limitado, condicionado y evidentemente controlado por el contrato publicitario, por el compromiso de facción y por la negociación de espaldas a la verdadera sociedad. Esto no ayuda al crecimiento cultural de ningún pueblo.

Aún en los primeros meses de 1945, cuando el avance aliado permitía oler la derrota, el maestro de la propaganda nazi tuvo el talento para hacer creer al pueblo alemán que valía la pena entrar en una nueva y más dolorosa etapa de austeridad, por lealtad al régimen. Disculpen, pero es hora de decir las cosas por su nombre. En este país hemos traicionado el espíritu dela Constitución; pervertido, el ideal de los Insurgentes; olvidado, las lecciones de Juárez y despreciado la sangre derramada enla Revolución.Peropara muchos es mejor callar y obedecer, que pensar y decir. Si a ello sumamos la espectacularización y el sensacionalismo que la información televisada cultiva con su inexorable carga de frivolidad ¿qué  podemos esperar en lo inmediato y sobre todo en el largo plazo?

Yo soy un simple reportero, pero hablo de lo que sé y de lo que me consta. Por eso digo que los medios, median. Esa es su misión. No “sumisión”, sino SU MISIÓN. Los medios no deben “negociar”, y menos en lo oscurito. Nosotros (hablo de este gremio heterogéneo y variopinto que formamos los periodistas), nos hemos venido acostumbrando a una relación facciosa con el gobierno. Unos por un lado, y los otros por el otro; pero en todos los estilos de relación aspirando a los beneficios que se desprenden del ejercicio del poder.

Así es como la sociedad y la dignidad están perdiendo la batalla. Ni la clase política, ni el cuarto poder están realmente cerca de la sociedad civil, que, en su somnífera indolencia, apenas está despertando a la injusticia del banquete o buffet en el que le corresponde ya no el plato de lentejas, sino de migajas.  Pero, mientras el mensaje de salvación no ha llegado claro a la clase popular que tanto lo necesita, el dragón crece, insaciable. Y ni el conocimiento, ni la cultura han comenzado a ser  reencontradas, revaloradas, a nivel masivo. El país sigue en su pesadilla de Las mil y una noches; sin embargo, esa no es la cuestión. El problema deriva de la confusión que surge de aspirar a poseer la lámpara de Aladino para hacer más grande la cueva de Alí Babá.

¡Cuántos ladrones escondidos en tinajas!… ¡Cuántos pretendientes a subirse a la alfombra mágica!… ¡Y cuánta incapacidad para ver más allá de las fronteras individuales! Por eso no me sorprende tanta impunidad… Estamos rodeados por un océano de aspirantes aGoebbelitos…”

Alfonso Teja-Cunningham

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