Muerte verde

Muerte que te quiero muerte.

Muerte que te gusta el viernes para,

a espaldas mías, aparecerte.

En esos tres viernes de clima frío,

donde un sol esplendoroso

brilló nublando mi suerte;

en viernes siempre de día

pero nunca en la temprana mañana

ni en la madrugada silente.

Muerte que te quiero muerte,

Muerte joven,

vigorosa

instantánea

sorpresiva.

Muerte vieja o parturienta,

muerte lenta o

muerte auto infligida

Solitaria muerte ajena

o muerte en masa invasiva.

Muerte anciana, muerte niña.

Muerte que te quiero muerte,

qué risa te hemos de dar

los humanitos ingenuos

que te representamos

con esqueléticos huesos

con hombres demacrados

con mujeres de velo negro

o con hermosos hombres bradpitteanos

o con M de Miroslava que se enamora sin suerte.

Qué risa te ha de atacar,

si es que conoces la risa,

al vernos tan equivocados,

tan soberbios y confiados

y al verte somos solo lo que somos

tan vulnerables finitos

tan extinguibles y amedrentados.

Y tú siempre tan fuerte,

tan nada antropomorfa

tan eterna y recurrente.

Muerte que te quiero muerte:

Mi razón entiende todo,

que si tu función es vital

para que nosotros existamos,

que si el ciclo siempre debe acabar

cuando fijas en alguien tu filosa mirada.

Mi mente lo entiende todo,

pero mi amor egoísta,

mis apegos y pasiones,

no quieren entender nada.

Y se hartan  de aquellos cuentos

donde los seres amados,

se encuentran en un cielo-mundo

indescriptible y lejano.

A esos seres del alma

uno quiere abrazarlos

y escucharlos aquí y solo aquí

compartiendo la vida en terrenos mundanos

y no en sueños

llenos de resignación sin brazos.

Muerte que te quiero muerte,

muerte que en silencio y estruendo

vienes y vas,

y esos cuerpos que tú matas,

como (para nosotros)  no son sólo cuerpos,

dejan morir de dolor a los seres-cuerpos-vivos

que a profundidad los aman.

Muerte que te quiero muerte,

yo que te anhelo tanto

te he pedido que me lleves

con mis personas amadas,

pero tú no me haces caso.

Quizá quieres que mi misión

sea que mi recuerdo intenso

y mi doloroso amor

se materialicen en presencia-extensión

de esas ahora incorpóreas almas.

Muerte que te quiero muerte,

Muerte garcialorqueana

porque no eres negra ni eres blanca.

Eres verde.

Verde como el hartazgo

en los ojos de alguien que le grita “no insistas”

a aquél al que no ama.

Verde como la metástasis

tirana y veloz dentro del páncreas.

Verde como la desesperación

que mezcla un adiós escrito

con cianuro en la garganta.

Verde como semáforo en rojo,

velocidad estridente y

fierros torcidos en la sangrante

banqueta estrellada.

Muerte,

verde,

verde,

verde

como la vida y como la esperanza,

verde como ese pasto

que gustosos pisamos,

sin querer ver que,

de tanto que

sin vivir vivimos,

a nuestros pies,

el verde pasto-muerte

al final nos tragará hacia el centro de la Tierra

centro polvoso y hambriento

del que nadie nunca vuelve.

Alejandra Cordero-León y Torres

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