La máquina de Julio Antonio Mella

Papeles en orden llenan el pequeño escritorio. Ella los acomoda para después entregarlos a cada integrante del partido. La puerta cerrada comienza a rechinar; se mueve impulsada por las manos de Julio quien entra. Después de cerrar se queda observando a Tina desde ahí. Ella voltea. Lo mira. Él no dice nada. No hace falta pues Tina lo mira. Eso es suficiente para comenzar la batalla contra las ropas impuestas por la razón y la causa.

Tina recarga ambas manos en el escritorio. Ve hacia el techo dejando el cuello desnudo vulnerable a la invasión. Julio desliza sus pasos hacia ella. La mano izquierda de Tina ya se ha posado en una tecla de la máquina. Mientras, él va descendiendo. Con lengua y dientes desnuda todo rastro de piel y lo viste de copiosa humedad.

Tina, sin percatarse, oprime a ritmo lento la letra A El papel ya no continúa con frases políticas A A A A A Los papeles se han desperdigado por el suelo A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A La boca de Julio explora con suavidad los otros labios de Tina. Ella aumenta la velocidad al tecleo A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A AAAA La máquina cae  ¡Trash! El estruendo no inmuta a la pareja. El cauce de su humedad los arrastra a no detenerse, pues en momentos como éste, la causa puede y debe esperar.

Alejandra Cordero-León y Torres

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