Harta de mí

Harta de mí, desciendo al infierno sin tenerle miedo

a las escaras que brotan

de mis pies provocadas por intenso y diabólico calor

engendrado por las sombras del olvido

y desde mis sentidos

la oscuridad que me ahoga

me hace compañía

en el ruido de sus choques absurdos.

Harta de mí, el silencio

se hace un ruido constante en una sólida masa de humo

y así entre el pleno desencanto de mi propia imagen,

harta de mí, habito

una a una

cada cual de las casas de poca heroicidad

que me cubre toda de frío mármol y de tabla hueca

Harta de mí, las luces que todo el día yo dejo encendidas

José Alfredo no sabe cómo apagarlas,

pero ellas, inapagables,

se opacan resignadamente cuando la luz natural entra amenazando

con cronometrar la estéril esperanza de que la pesadilla terminó

Harta de mí, tomo cianuro noche a noche sin ingerirlo

y su sabor perpetuo me desliza inevitablemente a un camino
donde resbalo y resbalo sin jamás caer;

mi cuerpo queda atrapado en un vaivén tortuoso infinito

y amarillo,

amarillo,

amarillo,

amarillo…canceroso y amarillo.

Harta de mí me encuentro

a mí misma siendo otra en otro lugar

que es el mismo que solía habitar en los sueños

que tuvo alguna ocasión aquella niña que tal vez fui,

aquella que no pensaba en tiempos ni espacios llenos,

sino que cubría los vacíos con pulsiones de vida emanadas

de mis diosas terrenales cuyo terreno

se ha reducido a un par de bolsas de tela barata,

un par de todo,

un par de nada

Harta de mí, me sumerjo mar adentro y

la sal de la mirada absorbe toda su agua

y al salir de lo profundo la mirada me traiciona

y saca el mar con estertóreos movimientos asfixiantes de cianuro sin cianuro,

del cianuro que es sal, sal adentro,

del cianuro que sin serlo es más puro que el cianuro,

es mar agua es mar sal,

sales de cianuro vivas que me mueven a sacarlas de mi cuerpo

y a repetir día a día el ritual

modificando mi percepción de espacio-tiempo

Harta de mí, caigo en un rendido sueño

que no me deja dormir y mantiene mis parpados cerrados

hacia un viaje del que no saldré jamás

mientras siga yo conmigo,

mientras siga despierta,

mientras no halle el camino

hacia esa isla donde las bolsas ya no son bolsas,

ni las cenizas ni el mármol ni la tabla son ellos,

sino al llegar a la isla mis diosas y yo somos

todo lo que fuimos antes de que todo se fuera infierno adentro,

se fuera dando vueltas metros y metros

convirtiendo todo esfuerzo sólo en fierros, escaras

y consecutivos decesos…

Harta de mí me sorprendo

sin mi cianuro a la mano,

con cafeína de repuesto,

con letras que no dicen nada,

pero que están ahí

acompañando a mis miedos.

Harta de mí me harto de todo

de lo vivo y de lo muerto

de la comida que empieza a comerme

a mí más que a ser mi alimento

harta de lo que antes podía ser

adicción, pasión o apego

pues nada se compara nada se compara

a ustedes dos

habitando en mi habitar

con sus dos almas y sus dos cuerpos

Harta de mí, me escondo

pero siempre me encuentro

y ya sin tanto enojo me inundo de risas graves

llenas de mi humor negro,

y continuo despacio

sin siquiera darme cuenta

habitando mi cuerpo,

intentando ser mi héroe

hasta que se me acabe el tiempo…

 Alejandra Cordero-León y Torres

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